martes, 11 de octubre de 2011

LOS SESENTAÑEROS (2)

Ya criaron a sus hijos y disfrutan de sus nietos. Ven a las cosas desde otro lugar, hacen lo que quieren porque saben que es ahora o nunca. A muchos ni se les ocurre jubilarse, y para otros tantos que ya dejaron la actividad laboral, el cambio no ha sido para deprimirse sino todo lo contrario: atraviesan un ocio feliz junto a su pareja o aferrados a una soledad confortable.
JÚBILO Cuando alguien mayor de 65 años va al cine, tiene el beneficio de un descuento en la entrada. La situación puede generar en algunas personas una angustia mayor que la que causaría una película dramática. Éste no es el caso, sino su opuesto. “Para mí, la jubilación fue una liberación”, confiesa Lila. Tiene 63 años y hace dos que dejó de trabajar, pero no lo lamenta en absoluto. “Soy una feliz jubilada. Cuando era más joven me preguntaba qué iba a hacer cuando llegara el momento. Y no hice nada. Una maravilla. Me falta tiempo para hacer todo lo que quiero”. Vive en la zona Norte, es maestra, antropóloga y fue directora de escuela. Al morir su mamá, se retiró de la docencia y, a su vez, de las obligaciones en general para empezar a dedicarse a ella misma. Por prescripción médica empezó a hacer aquagym, y con el frío se pasó a “bailes latinos” (salsa, reggaeton, etc.). También pasó de mirar de afuera “el mundo de la computación” para convertirse en una acendrada internauta que, entre otras cosas, ve películas on line e incursiona en el diseño gráfico digital. Y, por si algo faltara, no ha parado de viajar con sus amigas (en lo que va del año visitó Bariloche, hizo un crucero, fue al Machu Pichu y tiene en suspenso un safari a Sudáfrica). “Una sola está casada, tres somos solteras, tres separadas y tres viudas”, dice al referirse al grupo de mujeres de sesentipico entre las que se anota. “Y a su edad, ¿cómo es la vida sentimental de una señora soltera?”, a propósito, escucha que le preguntan. Entonces habla de un hermano, sobrinos, primos. La familia. Y cuando parece que va a evadir definitivamente la consulta, corrige el rumbo con contundencia. “En la parte sexual o sentimental, en relación al hombre, dije basta cuando me llevé la última desilusión: estoy muy confortable en mi casa, muy tranquila. Si aparece un touch-and-go, que sea eso y nada más, como dice Moria (Casán). Yo no tengo ninguna obligación, y a esta altura de mi vida no quiero atarme a nadie”, sentencia. Dice que por un tiempo se levantó y se acostó temprano, siguiendo la rutina de cuando trabajaba, hasta que un día dijo ¿por qué? “Si a mí me gusta acostarme a las 3 o 4 de la mañana y levantarme a las 11, ¿por qué no lo voy a hacer?”, se preguntó. “No me importa nada. Si la vereda está llena de hojas y no tengo ganas de barrer, me importa un pito: me baño, me pinto y a la calle. Y el día que no tengo ganas de salir estoy bien en mi casa, cómoda y feliz”, agrega, con una naturalidad que abruma y, a la vez, despierta una cruda admiración o envidia. O las dos cosas juntas.

lunes, 10 de octubre de 2011

LOS SESENTAÑEROS

“No creo que haya ningún investigador en condiciones de responder exactamente qué es la vejez. Ser viejo es una situación subjetiva individual. Y cada uno va a decidir en un determinado momento de su vida que es viejo para tal cosa”, explica el especialista. Los sesentones de hoy son activos actores sociales. Están convencidos (o nos convencen) de que la ancianidad moderna se ha desplazado una o dos décadas más adelante.
SESENTA ABDOMINALES Son las 10 de la noche. Recién sale del gimnasio y está en un bar con una mujer veinticinco años menor que él, que es su personal trainer… pero también es algo más. El documento de Adolfo dice que ronda los sesenta años de edad pero mucho de su ser se obstina en contradecirlo. Como cada día, estuvo trabajando desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde. “Yo me amo físicamente”, dice orgulloso. Cuatro veces por semana se toma un taxi que lo lleva del trabajo al gimnasio. Y, por si fuera poco, los domingos por la mañana sale a correr 25 km. Tiene tres hijos, está separado y vive en el microcentro. “Estoy solo y no estoy solo. Tengo una relación light: estamos cuando nos necesitamos, cuando queremos estar juntos; sin responsabilidades de uno sobre el otro porque cada uno maneja su vida”, explica. “Me siento joven en todos los niveles. Y en lo sexual, la verdad, con la edad que tengo no envidio a un pibe de 20 años para nada”, se anima. Alguna vez pensó en irse para siempre. Fue cuando perdió todo. Una empresa grande, y un matrimonio de 30 años, entre otras cosas. Desde hace una década conduce un programa de radio sobre calidad de vida y salud en el que replica su experiencia. La persona que lo ayudó a salir del infierno es la chica con la que está tomando un café esta noche.

jueves, 6 de octubre de 2011

YO TENGO FE (3)

Como los profetas más célebres y antiguos, están en cualquier esquina. El altar de los auténticos predicadores contemporáneos es la calle.
LA PROMOTORA DE DIOS Eran los días de la campaña electoral y entre los afiches de los sonrientes candidatos irrumpía un stand particular cuya consigna nada tenía que ver con esa elección: “Lea la palabra de Dios, la Santa Biblia diariamente”. Desde hace dos años, los Testigos de Jehová tienen autorización municipal para ocupar una porción de la esquina más tradicional de la ciudad: Corrientes y Córdoba, junto a la Bolsa de Comercio. Los viernes y sábados, desde hace algunos años, Viviana es “promotora de Dios”. Antes lo fue para campañas de importantes empresas y productos hasta que un día se volcó por completo a la Fe y se dedicó a promocionar su religión. “Los tiempos han cambiado. Nuestro objetivo hoy está marcado por las necesidades de la gente. Antes era enseñar doctrinas; hoy se trata de acercar ayudas prácticas a los problemas que los aquejan. Las revistas que se llevan tratan puntualmente temas de depresión, de stress”, explica. Despertad y Atalaya –con tiradas medias, entre ambas, de casi 80 millones de ejemplares en más de 80 idiomas- son las publicaciones principales que se imprimen en Buenos Aires, en talleres propios con rotativas de alta velocidad. “Empleamos diversos métodos para llevar a cabo la comisión de Jesús de predicar y hacer discípulos”, señala Fabio, un joven representante del Servicio de Noticias de la iglesia, y agrega: “predicamos en los mercados, en las calles y en otros lugares públicos. También nos comunicamos por teléfono o por carta y, si surge la oportunidad, damos testimonio mientras realizamos nuestras labores cotidianas”. No obstante, el medio que más utilizan es lo que caracteriza a este grupo: la predicación de casa en casa, un precepto de base bíblica. Pero hay una curiosidad que es un verdadero salto comunicacional: tanto en Formosa como en Chaco –según informa el área noticiosa de los Testigos de Jehová– se están conduciendo cientos de estudios bíblicos a las comunidades Wichís y Tobas en sus lenguas de origen. Además de las ya existentes congregaciones en habla guaraní, quechua, chino, árabe, lenguaje de señas, alemán, armenio y ruso, entre otros. Todas las voces, todas.

miércoles, 5 de octubre de 2011

YO TENGO FE (2)

Más allá de los dogmas, todos por igual intentan persuadir afuera de los templos. Como los profetas más célebres y antiguos, están en cualquier esquina. El altar de los auténticos predicadores contemporáneos es la calle.
LIBROS, CAFÉ Y FE Volvía de visitar a una amiga que estaba internada cuando prácticamente se llevó por delante el local. La mujer le preguntó a una muchacha que barría la vereda qué era ese lugar. Un cartel sobre la curiosa cafetería ya le había anticipado algo: “BooKafé, un lugar de oración”. Entró, contó su pesar, habló de su vida. La escucharon. Y le dieron un libro para que llevara a su casa. “Después de entrar acá, cambió todo. Tengo las mismas necesidades, el mismo trabajo, los mismos dolores. Pero los veo, los siento y los encaro de otra manera. Dios vive en mí”, exclama la mujer que ahora es habitué. El sitio gastronómico-espiritual está desde marzo en Sorrento 1099 –a dos cuadras del inicio norte de la avenida De la Travesía– y es la segunda sucursal en Rosario de la cadena internacional de Cafés Literarios Cristianos. El primero está en San Nicolás 620, desde 2010. Ambos son parte de un proyecto mundial llamado Vida para Todos, de la editorial El Árbol de la Vida, fundada en Brasil hace 31 años por el empresario chino Dong Yu Lan. “Son espacios que vienen a cubrir un vacío: las iglesias tienen horarios; los libros, no. Y si a los templos van sólo quienes creen en Dios, por acá pasan todos: los que creen y los que no creen en Dios”, cuenta Miguel, representante de la editorial. En todo el país, ya hay 10 locales de este tipo, más de 200 en Brasil y alrededor de 400 en todo el mundo. “La idea es poner uno en cada barrio –explica Laura, dueña junto a su esposo de este micro emprendimiento que combina café con libros “que conducen a la fe”, con más de 100 títulos (traducidos del portugués) producto de conferencias. “Esta literatura apunta a que la palabra de Dios no sea una mera doctrina para los cristianos, sino que los lleve a crecer y madurar en vida, y a poseer la realidad de las verdades”, informa un periódico en una de las mesas. Las mozas cumplen con su labor pero, a su vez, están capacitadas especialmente para evangelizar. Vanesa es una médica boliviana de 26 años que dejó de ejercer su profesión para dedicarse a estudiar la Palabra. Desde diciembre, comparte en el lugar las tareas de servicio y misión con Joyce, una brasilera de 25 años. El ingreso es abierto a todo público, con precios similares a los del rubro –incluso un poco más económicos–, pensado para difundir la literatura y los valores cristianos. “El principio no es levantar templos sino generar espacios de encuentro entre las personas y los libros”, sostienen. Y muestran orgullo porque son las siete de la tarde y las mesas están completas: hay lectura, mate, café y chipá.

lunes, 3 de octubre de 2011

YO TENGO FE (1)

Mientras los dogmas religiosos se superponen, los misioneros de los distintos credos se parecen entre sí mucho más de lo que ellos imaginan. Tertulias cristianas de café, el fútbol como lugar de encuentro y un stand bíblico en plena peatonal: lo cotidiano como recurso vital para invitar a lo espiritual. Los métodos innovadores de algunos evangelizadores locales. Entusiastas, comprometidos, voluntariosos. Más allá de sus distintas posturas, todos por igual intentan persuadir afuera de los templos. Trabajan a diario para Dios, aun después de sus actividades personales, y a veces hasta consagran su vida profesional a la iglesia. Para encontrarlos sólo basta con asistir desprejuiciados a la cotidiana misa urbana: como los profetas más célebres y antiguos, están en cualquier esquina. El altar de los auténticos predicadores contemporáneos es la calle.
JUVENTUD UNIDA “Al principio oramos para que Dios nos cuide las piernas; tratamos de cuidarnos porque al otro día tenemos que ir a trabajar”, aclara Esteban, uno de los Jóvenes del Centro, un grupo de muchachos de la Iglesia Evangélica Bautista de Rodríguez 542 que los lunes sale a la cancha para mezclarse en un picadito en el club de al lado del viaducto de Salta y Avellaneda. “La idea siempre es armar un partido con gente que haya ahí. Pero también invitamos a cualquiera: amigos del laburo, de la Facultad, que no necesariamente tienen que ser cristianos”, explica Israel, otro misionero contemporáneo que asegura que dentro del campo de juego no hay ninguna diferencia: “es más, se nos puede ir una patada, nos podemos enojar; somos humanos”, agrega. Lo del fútbol también tiene su versión bucólica en los campamentos. Pero, sin la redonda de por medio, son otros muchos los caminos que recorren en busca de encuentros sociales que permitan, con naturalidad y sin imposiciones, transmitir sus valores a otras personas. “Queremos de corazón que otros conozcan lo que nos hace felices. Y hay momentos en los que se da la oportunidad y los invitamos”, reflexionan. Uno es vendedor de una marca líder de cervezas y el otro se dedica a la parte comercial en el rubro telecomunicaciones. Esteban e Israel acaban de salir de trabajar y, como cada día, tras la jornada laboral, tienen una dedicación extra: ser hombres de Fe ocupados de propalar el ejemplo de Cristo a quien los quiera escuchar. “Somos partidarios de salir a la calle –dice Israel–; venimos de una estructura en la que durante años la iglesia éramos sólo nosotros, y los de afuera eran todos malos. Realmente siento que estamos haciendo algo por cambiar aquello. Hay una vida de valores buenos con las cosas prácticas y no solamente lo místico y sobrenatural. Desde el templo, sí, pero también desde cualquier lugar en que nos encontremos. Cualquier medio que sirva para transmitir el evangelio de Jesús, es bueno”, señala. Los fieles en general se reúnen los domingos, pero los jóvenes lo hacen los sábados a las 21. Son alrededor de 50 o 60, y tienen entre 17 y 35 años de edad. Muchos participan de fundaciones que trabajan con chicos discapacitados y contra la violencia familiar, entre otras iniciativas. Además, mantienen contacto con comunidades aborígenes del norte y el sur del país, adonde viajan desde hace 8 años. “En la última visita a Misiones, unos alemanes armaron un tanque de agua y nosotros llevamos los caños e hicimos las conexiones de agua potable casa por casa”, rememora Esteban. “El evangelio solo, con la palabra, no sirve. Tenemos que actuar, tenemos que laburar”, indica Israel y completa, “las veces que fuimos a esos lugares, yo te aseguro que lo menos que hemos hecho fue hablar de Cristo”.