sábado, 5 de mayo de 2012

ESENCIAL


Es como si ahora la escalera se terminara
y en tres pasos de pallier abro la puerta.
La mesa plegable era algún libro y un cuaderno,
un naufragio feliz hasta que la madrugada 
se deshacía en la puñalada de un bostezo.
En el sueño familiar yo vomitaba párrafos,
salía a caminar por los planetas y los vientos.
Sufría por amor como quien sale 
a hacer los mandados o va al colegio.

Entonces el barrio amanecía 
bombardeado por los trinos de los pájaros
más entusiastas y pobres del universo.
En el silencio se recortaba 
la primera voz lejana de un perro
y el arranque de la heladera. 
Tiene algo, a la distancia, de burbuja,
la cocina de la casa de mis viejos.

Por la niebla de la vida
el retrovisor está empañado 
pero me veo.
Estoy huyendo de mí 
conmigo a cuestas 
como en sueños.
Me pasa siempre 
que voy de visita 
a mi esencia:
me veo yendo y viniendo. 
Como un reloj con poca pila
que obstinado  
sigue latiendo.

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