lunes, 21 de octubre de 2013

CELIBATO Y ALGO MÁS

En los últimos 20 años, cerca de 10 mil curas renunciaron al sacerdocio de manera pública y oficial en la iglesia católica latinoamericana. Desde que el nuevo secretario de Estado del Vaticano dijo que el “el celibato se puede discutir” quedó en primer plano un debate largamente reclamado por sacerdotes secularizados: una discusión que antes que nada es profundamente ideológica. Del lado de afuera del templo formal, la particular historia de vida del cura Oscar Lupori y su esposa Marieta, con dos décadas de labor comunitaria en el barrio conocido como Fisherton Pobre     

Escribe: Joaquín Castellanos
Fotos: Sebastián Granata


Antes de tener diferencias con la jerarquía católica local por su elección de formar pareja, ya había tenido un conflicto mayor en relación a la visión sociopolítica de la Iglesia. En 1968, siete años antes de ponerse de novio con quien sería más tarde su esposa, Oscar Lupori era párroco en Tortugas. Desde allá comenzó a preparar con un grupo de sacerdotes una especie de revisión de lo que era la Diócesis de Rosario y su pastoral, con miras a elevarle un informe al arzobispo Guillermo Bolatti. Pensaban que era necesario ponerse a tono con el Concilio Vaticano II desde una óptica latinoamericana. “Nosotros integramos el grupo de Sacerdotes del Tercer Mundo, y nuestro compromiso social chocó con los intereses de la Iglesia local. Nuestra visión era que teníamos que resaltar claramente que el evangelio y la Iglesia están llamados a cumplir de cara a la humanidad un papel de tipo sociopolítico, lo esencial de su misión es anunciar la buena noticia a los pobres, a los oprimidos, y que estar distante de eso  acababa siendo un beneficio para los poderosos. Sentimos la necesidad de una actuación muy vinculada  al mundo pobre, al mundo obrero. Trabajar por una transformación social”.
Eran los días de la dictadura de Juan Carlos Onganía. Los días en los que la región ya palpitaba lo que desembocaría en los Rosariazos.
“Todo eso concluyó en que a los 40 que firmamos ese documento, en junio del ‘69 nos pidieron las parroquias, y en la Pascua del ‘71 nos quitaron la asistencia de ejercicio del ministerio sacerdotal, de modo que no podíamos ejercer. Nos dieron la opción de irnos con otro obispo: algunos se fueron a La Rioja con (Enrique) Angelelli, otros a Río Cuarto con (Julio) Blanchoud, y otros se fueron  a Venado Tuerto. Yo fui de un grupito que dijimos no, de acá no nos movemos”, cuenta el cura al que aquel conflicto lo llevaría a unirse más que nunca a la tarea pastoral. Principalmente desde que se divorció de la Iglesia como institución y se casó con la mujer que ama.

En el oeste de Rosario, en la planta alta de una casa de nadie y de todos, el hombre que integra el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) y da clases en la carrera de Trabajo Social en la UNR, se acomoda en una silla a la par de su esposa a la que todos llaman cariñosamente Marieta.   
“Yo soy del grupo de los que no pedimos la reducción al estado laical porque nos parece humillante –cuenta Lupori, y explica:- un compañero mío tuvo que soportar que en la resolución dijera “su cómplice” por su compañera… ¿cómplice de qué? Además ¿qué significa “reducción al estado laical”?, si uno se va a poner a hablar teológicamente ¿quién se reduce a qué? ¿Que nos quitan qué oropeles de encima? Nosotros nos casamos por civil, y pedimos hacer una ceremonia religiosa por aquello que es fundamental en el Evangelio: el cristiano tiene una única ley: amar. Y el matrimonio, algo que tiene valor de sacramento para los católicos, tiene que potenciar la capacidad de amar”, reflexiona.

Sin trabajo, fue albañil entre el 1969 al 1987. En tanto, con sobresaltos fue profesor universitario: en el ’68 daba clases y Bolatti lo hizo cesar al año siguiente. Entró en el ‘73 nuevamente a la UNR y el Golpe de Estado le quitó el cargo en marzo del ’76.
“A la Iglesia local siempre le molestó que Oscar -igual que la compañera, pero sobre todo él por el tema del celibato- nunca abandonara en nada su tarea: desde los estudios teológicos, lo social, y el laburar sólo para comer: él nunca dejó de hacer”, dice Marieta.
Después de casado, junto a su esposa trabajó con chicos discapacitados.
Fue la época en que un ministro de educación mandó a preguntar con un terecero que qué estaba haciendo Lupori ahí… La respuesta no se hizo esperar: “decíle que estoy haciendo la Revolución”, recomendó el observado.
“Estuvimos un tiempo viviendo en la zona sudoeste, después alquilamos en calle Balcarce y en los 90 nos vinimos aquí”, comenta Lupori.
            “Aquí” es “Fisherton Pobre”: “Los propios vecinos en la asamblea barrial de 2001 le pusieron así”, explica la esposa del sacerdote secularizado.
            Desde hace 20 años, el matrimonio lleva adelante un trabajo territorial orientado a principalmente a niños y adolescentes. Empezaron en la escuela del barrio, siguieron La Casita –un espacio que alquilaban en la manzana del colegio- y desde hace dos años, con casa nueva y actividades casi todos los días, y con reuniones los fines de semana en las que se llegan a congregar hasta 100 chicos para compartir mate cocido con masitas y juegos.


“Jesús no fue a cenar con el Rey, el representante de los romanos; el se ponía a cenar con los pobres (la multiplicación de panes era para los que no tenían qué comer). Y  los fariseos que se consideraban piadosos decían, ¿cómo puede cenar con esta gente?”, argumenta el sacerdote sin templo formal, en el altar cotidiano desde el que se puede ver buena parte del barrio.  
“Jesús no fue a meterse en festicholas, estaba curando enfermos. Jesús estaba comprometido con esto y ése tiene que ser el compromiso de la iglesia. Y creo que Francisco lo está dejando en claro: los gestos de cariño y de ternura, por fuera de los que son las rigideces del protocolo, las rigideces a veces de tipo legal, a veces institucional. Porque una cosa es que lo legal sirva para apuntalar formas de andar y evitar andar a la deriva, y otra cosa es que lo legal sirva para potenciar un grupo de Poder”.
Más cerca del cielo que de los ruidos terrenales de los autos que pasan, Lupori desgrana su pan de experiencia. 
“El celibato puede tener sus dificultades así como ser casado también puede dificultar la tarea pastoral. Hay que ser realista. Lo valioso de esto, sería que fuera libre, opcional. Así se aprovecharían muchas cualidades de personas que han sido puestas al margen, y que se podrían recuperar. Personas altísimamente valiosas que a la Iglesia le permitiría aquello de Juan XXIII: que entre un aire fresco, ponerse al día. Vendría muy bien. Y, por otro lado, en esta situación uno de los riesgos que no se vayan a creer que uno quiere hacer una iglesia aparte. Porque uno no pretende eso. Eso sí, termina por descubrir el valor de lo ecuménico: una apertura necesaria. Sabiendo además que no necesariamente esto tiene que ser algo exclusivo de la iglesia: movimientos ecológicos, movimientos por los DDHH, movimiento por la dignidad gay, el movimiento de defensa de los pueblos originarios… basta: la iglesia tiene que sumarse… pero, ¿cómo no nos vamos a sumar si eso suma en humanidad?"  



Oscar es rosarino, hijo de un albañil y de una mujer humilde, “de barrio obrero”, señala. Sus padres sufrieron la década del ‘30 y del ‘40, y pudieron levantarse un poco con Perón, por lo que sin ser fanáticos, él sabe que querían y que siempre votaron al peronismo.
Ingresó al Seminario a los 11 años de edad. Nadie más que su convicción lo obligó a seguir.  Incluso, cuenta, sus padres eran bastante anticlericales en el sentido que “no querían que los curas se metieran a mandar adonde no tenían que estar”.
De chiquito, le interesaba “lo de Dios”. Pero siempre, aún estudiando en el Seminario, le importaron las luchas de los trabajadores”.
“Mi visión era cómo había que cambiar este mundo que no podía seguir siendo tal como estaba organizada la sociedad con todas esas injusticias. Y que la clave era estar con los pobres”, dice.
Lejos, en Bahía Blanca, una alumna de un colegio religioso empezaba a interesarse por las injusticias. De adolescente empezó a trabajar con las monjas en los barrios pobres. Cuando la derivaron a Rosario, trabajó en Villa Manuelita, cerca del peronismo de base, “y con todo lo que llevara a que hubiera menos diferencias entre las personas”, dice. Siendo universitaria, vivió en un pensionado estudiantil al que Oscar iba a dar charlas o a celebrar la misa…
_ Cuando él me empezó a interesar más, yo rajaba… -rememora Marieta.
_ … Hasta que un día los dos nos declaramos, en el ‘75 – interrumpe su esposo.
_ Con un lápiz y un papel,  empezó a decirme que él necesitaba centrarse afectivamente –retoma la mujer, después de algunas risas nerviosa y mirando a los ojos a su esposo-; era el momento en que los habían dejado sin parroquia. Él podía haberse ido a otro lado; y yo lo alentaba a que lo hiciera. Pero él insistía en que se tenía que quedar… Y yo le dije, bueno: yo ya no te veo como cura, te veo como hombre…
_ Era agosto del ’75 –dice él.

Ella está cruzada de brazos, apoyada en la mesa. Él, mientras habla, se recuesta con armonía en el espaldar de su silla y estira un brazo sobre el de la de ella.
“Una cosa es lo que aparece en los Evangelios donde se promueve la posibilidad de que para trabajar de lleno haya personas que opten por ser célibes porque, es cierto, es una forma de estar más libre, pero eso tiene una contraposición muy dura: por lo general, ésos son los curas burocratizados, los curas hiperinstitucionalizados que más de una vez se neurotizan con su soltería. Es un asunto disciplinario. Ojo, también hay excelentes sacerdotes y personas en esa condición. Pero a su vez, esa contrafigura a veces lleva a que, por motivos estratégicos (que no voy a ser yo quien los critique aquí), para poder seguir trabajando, tienen una compañera oculta…”, señala Lupori.
Marieta habla con los ojos que acompañan el relato de su marido suscribiendo a cada palabra.
“En estos tiempos modernos se impone una nueva forma de presentar el mensaje evangélico respecto a la sexualidad, porque una cosa es presentar la sexualidad como algo dañino, algo bajo,  y otra cosa es descubrir que corporalmente todos somos sexuales. Y que la sexualidad es algo noble y muy importante.”
            Los árboles que se asoman atrás del vidrio denuncian que está llegando la primavera de 2013.  
“La Iglesia debe descubrir que la Iglesia no es para sí sino para trabajar a favor de una mejor humanidad.”, sostiene Lupori. 


“Una cosa que hay que recalcar –dice la mujer-: dentro de los curas casados hubo quienes se aburguesaron y que se metieron en el sistema a pleno, en cambio, hay que decir que Oscar siguió con todo, con la mujer y los críos. A él no se le podía criticar nada en ese sentido, en vez de apartarse se metió más en esa tarea…”
No sólo nunca dejó de considerarse a sí mismo sacerdote: “doctrinariamente la Iglesia católica nos considera sacerdotes: legalmente quita la posibilidad de ejercerlo pero en la teología católica el que se ordena sacerdote sigue siéndolo siempre. Incluso aunque esté casado, en el caso de un accidente, por ejemplo, en el que hubiera gente en malas condiciones uno le puede dar la absolución”.
_ ¿Qué creen que piensa la gente de su situación?
_ Yo estoy tranquilo. Nosotros estamos felices. Aunque tengamos discusiones y todo…-sostiene él.
_ Yo voy a cumplir 75 y él tiene 76: y hace 35 años que estamos casados –aporta Marieta.
_ Y hemos criado a los tres hombres que tenemos y tenemos nuestra nieta …- dice Lupori, como si todo terminara ahí, en su nucleo familiar.
Por la ventana entra todo el barrio de casitas humildes salpicadas por el último sol del día, por las primeras pinceladas de sombras que ya deja caer la anunciación de la noche.
Esta –dice el cura casado, como marcando el punto final de la charla-, esta es nuestra vida.

lunes, 9 de septiembre de 2013

TANGO FEROZ


Tras ser distinguido con el premio Gardel por su disco Tangolpeando, Adrián Abonizio desmenuzó los pormenores de una especie de  “blanqueo” como artista de un género al que siempre perteneció. El primer reconocimiento por fuera de la Trova Rosarina y la grata experiencia de la realización premiada. Además, la particular visión de una música ciudadana rozagante en el funeral del rock.

Escribe: Joaquín Castellanos - Fotos: Blue Art / CAPIF
  
“En la FM Tango de Rosario ni me nombraron”, protesta el flamante ganador del Gardel en la categoría Mejor Álbum Nuevo Artista de Tango por Tangolpeando (BlueArt, 2012).
“Ni siquiera pusieron un tema mío. Ni me llamaron para decirme no estamos de acuerdo con usted porque es kirchnerista… no sé”, reflexiona, fiel a su estilo, el cantautor.
En Rosario no es ninguna novedad: Adrián Abonizio no es tanguero de ahora. Desde el ya casi himno Mirta, de regreso hasta el reconocido Constitución de noche –incluido en el disco ganador-, o directamente por las milongas Todo a mi favor, La Vitrina o Graffitti de las Almas, entre otras tantas, escritas por el rosarino para otros intérpretes. Desde siempre, la obra de Abonizio ha respirado  tango. 


“Yo no soy rockero porque no abrevo en la filosofía rockera en cuanto a un montón de cosas que son ridículas e insanas. Soy tanguero, y no por chauvinista, porque nací y vivo en Argentina, sino por una filosofía casi samurái, casi de creencia religiosa, de las cuales yo no me muevo, y que están tanto en el tango más llorón como en el más progresista o lírico, el más copado…”, dice.
_ Suena raro el rótulo de “nuevo artista de tango”. El tango siempre estuvo presente en tu obra. Este premio Gardel, ¿viene a ser una especie de blanqueo?
 _ Y sí, en verdad es un blanqueo… Son varias cosas. La primera es para decir… como pasa cuando alguien sale del placard al confesar su  homosexualidad: bueno, me cansé de que la gente no sepa, o que a mí me dé vergüenza decir que soy tanguero… Me cansé de hacerlo para otros, porque yo no es que hacía tangos con pudor: los hacía con orgullo. Y quería grabar un disco que fuera de tango… Otra cosa que me pasó fue que tuve el apasionamiento necesario para no dejar morir a este disco que tiene diez o doce años de grabado…


_ Sabemos lo que representa este premio en general. Para vos, ¿tiene algún significado especial?
_ Es un reconocimiento que me deja decir ya juego en este equipo… que me gané la titularidad sin moverle el piso a nadie… Además, la verdad, es la primera vez que siento que me reconocen por fuera de la Trova Rosarina. Es como un esperado reconocimiento por fuera de esa especie de familia italiana o judía, si se quiere, en el sentido de los clanes, de la creencia religiosa profunda … Siento que por fin hice algo por fuera de esa vanidad que a mí me avergüenza pero que me hace sentir digno porque yo a eso lo he planteado muchas veces… Con la Trova sólo hemos hecho buenas canciones pero nunca hemos hecho escuela de nada…
_ ¿En qué falló la Trova?
_ Es que hemos sido un grupo poco eficiente para la solidaridad, muy buenos poetas y músicos pero muy poco sensibles para la comunidad que todavía está esperándonos… Son mis amigos de toda la vida, eh. Yo me siento orgulloso de la Trova Rosarina, de la calidad, del calibre de las canciones, pero hasta ahí. Es imperdonable que en el momento en que se cumplieron 30 años, no nos juntáramos para hacerle honor a esa fecha cuando teníamos todo a la mano: uno porque tenía que hacer una gira, otro porque el pelo no le salió bien en la foto, otro porque no le dijo al otro, y bueno… Por eso esto del premio viene a decir un poco eso: sobresalir con otra gente que no es la Trova para mí es un reconocimiento especial. Porque esto es otra cosa. Es una agrupación más afectuosa, con un fin más interesante, no digamos que revolucionario pero por lo menos con un afán de victoria grupal…


PASIÓN Y CUENTA NUEVA
“Lo alucinante de todo esto es que la gente que hizo este laburo conmigo, y lo digo sin ánimo de demagogia porque no soy de hacer demagogia con mis amigos… Todos son músicos que no son exclusivamente del tango y que pueden tocar cualquier cosa. Rodrigo Aberastegui, que es mi otra mitad en este disco, es un músico que puede dirigir una sinfónica o tocar en la calle si quiere”, explica Abonizio.
De Tangolpeando -su primer trabajo en estudio después de seis años, editado por el sello Blue Art en junio de 2012-, participaron Erica Di Salvo en violín, el bandoneonista Gabriel Rivano, además de Horacio Hurtado y Hugo Pico.


             “Nos dijimos tenemos que hacer tango porque lo sentimos… Y, ¿cómo se hace? Con amor, copiando las formas con amor, es decir recordando, sintiéndolo”, cuenta Abonizio, y agrega una aproximación a las dimensiones del desafío: “si vos conocés lo que es un potrero, no te va a asustar patear un penal”, apela el cantautor a la jerga futbolera para ilustrar la situación, y prosigue: “si tenés muchas horas jugando, sabés cómo tenés que jugar… Nosotros tenemos muchas horas de vuelo escuchando y si sabés escuchar, lo podés tocar”.
El resultado de este reunión en tierras del 2x4 es el disco galardonado que contiene  un grupo de 12 piezas –todas escritas por Abonizio y en su mayoría musicalizadas por Aberastegui- que consiguieron que por fin el trovador rosarino traspase ese tácito umbral que le impedía hasta ahora afirmar rotundamente su condición de tanguero. 


LO QUE VENDRÁ
“Ojalá la corriente benefactora siga así. Y ojalá que en algún momento no hiciera falta poner la palabra tango en el título para que se note que es un disco de tango”, reflexiona Abonizio. “A lo mejor un día no va a hacer falta aclarar nada y nos relacionen directamente”, se esperanza.
_ ¿Cómo ve el presente pero más que nada el futuro del tango?
_ Yo tengo una expectativa enorme con los nuevos autores: hay como 15 que conozco y que me parece que muy pronto vamos a estar hablando de ellos también.
Y como si les hablara a ellos, a los jóvenes compositores que miran con cariño al 2x4, Abonizio ensaya una reflexión de inconfundible remitente: “el tango te está esperando, pero es el cuco que te espera en el bosque, eh. Tenés andar solo en la oscuridad y aunque seas grande te la tenés que bancar.  Pero es terapia. El tango te da la oportunidad de agarrar esas sombras de la noche y del alma, y de transformarlas en algo poético. Es la oportunidad de mostrar lo horroroso que te podés sentir. Te deja hacer catarsis. Lo peor que tenés guardado, hacélo letra de tango. Lo que pasa es que hay que tener oficio y también tenés que tener siempre sentido del humor…”, dice.


            Por último, hay que rebobinar a la noche de la entrega de premios en el Teatro Ópera porteño adonde el cantautor del disco que sería premiado llegó sobre la hora y, según cuenta la leyenda, sin hotel donde bañarse se acicaló con toallitas para bebé en el auto, en la puerta de un cercano supermercado chino.
            Aquella noche, como para alimentar a esa épica canyengue, al escuchar su nombre surgió de entre el glamour de los asistentes a la fiesta, enfundado en una campera de cuero y con el mostacho de inmigrante italiano, trepó al escenario y, entre otras cosas, con dijo al micrófono: “el tango nació con riesgos pero hoy ya no los tiene más en aquel sentido.  Por eso yo les pido a los más jóvenes que dejemos de cantar los tangos galardonados con mil estrellas y empecemos a cantar los tangos con letras nuevas…”.
Acaso fuera un ladrido de perros a la luna.
Acaso no. Igual que en un tango.


jueves, 23 de mayo de 2013

CONTROL NO TAN REMOTO



La noticia dice que Mujica envió el proyecto uruguayo de Ley de Medios al Parlamento. Inicialmente es una grata noticia. La iniciativa -según portales del país charrúa- propone regular los servicios de radio, televisión y otros de comunicación audiovisuales, con la meta de generar un “sistema de medios visuales armónico” con “contenidos nacionales de calidad”, según el Gobierno. 
Pasa en todos lados. Las interpretaciones son hijas siempre de la política: se dice como se piensa, pero -más allá de los prejuicios-, ¿está mal controlar el descontrol de los medios de comunicación? O si se prefiere, organizar para garantizar la multiplicidad de voces y establecer parámetros de contenido presentables. Hay que decir, nobleza obliga, que "control" no es mala palabra, y que además es un vocablo que está íntimamente ligado a ese otro que es "gobierno", mal que le pese a cualquiera.
La regulación, en todo caso, debe ser tal y no otra cosa. 
La norma argentina, por ejemplo, es excelente en la letra, aunque su aplicación sea otra cosa por culpa de más de un monopolio -esto incluye tanto a Clarín que no quiere largar prenda como al nuevo multimedio de la pauta oficial condicionada por el kirchnerismo, acrecentado las nuevas oportunidades para la compra de medios vueltos adherentes explícitos a la gestión nacional.  
Sin dudas, en este aspecto, el del democrático reparto de espacios (todavía pendiente o bien sólo anunciado en Argentina), ahí estriba el sumo ejercicio o la plenitud de una ley nacida de  la promesa de ordenar, de combatir la concentración y equilibrar las posibilidades de amplitud de miradas desde la igualdad.
En otras palabras, parafraseando al criollo que reparaba en el porcino, la dieta, el peso y las responsabilidades alusivas: la culpa no es de la TV, ni del que cambia de canal: aparentemente es de quién y cómo carga la grilla, según criterio ecuánime o propia  conveniencia.

miércoles, 22 de mayo de 2013

UNA VIDA DE DISEÑO

Foto: Vero Colla

Diseña tu mundo, medio siglo de trabajo. De Diseño Shakespaer.
Desde el 6 de junio, a las 19 hs., en el MAMBA - Av San Juan 350 – Bs. As.
Tel 4342 3001/2970


¿Cómo encerrar 50 años de trabajo en apenas un par de meses de exposición?
Solamente la contundencia y la sencillez de la obra de Ronald y Juan Shakespear pueden compactar cantidad y calidad con éxito, está demostrado. 
Es algo así como desandar visualmente la historia de este imperio creativo, o desmenuzar en imágenes el último libro especializado de su fundador: Señal de Diseño, Memoria de la Práctica (Paidós), al que el Ronald inmortalizó –porque eso fue mucho más que una presentación- con una conferencia excelsa en el Parque España, en 2012.

Foto: Ana Armendariz DNI 
“Yo no creo en eso de la creatividad. Un eufemismo dialéctico y antidemocrático que establece que algunas personas están dotadas de poderes mágicos discriminando a los demás mortales", ha dicho al respecto, provocador y humilde, el diseñador, para definir con precisión su labor:  "el diseño es una actividad científica que permite resolver problemas humanos ante una necesidad cierta. Puro trabajo”. Lo dijo entonces en aquella clase magistral de filosofía, comunicación, poesía, experiencia y sencillez, entre el río Paraná y el casco viejo del centro rosarino.
“Hago diseño desde hace medio siglo. No tengo una teoría del diseño. He acuñado a duras penas una teoría de la práctica. Pienso que la oreja grande es imprescindible para escuchar a la gente, sus desvelos, sus sueños”, había señalado.
Y aquí, en la muestra, lo demuestra.


Por eso la invitación a quien pueda –y quien no, que intente poder- ir a visitar Diseña tu mundo, medio siglo de trabajo. Se trata de una muestra antológica que busca abarcar el infinito planeta de criaturas nacidas del magin de Diseño Shakespear, un emporio de ideas  encolumnado detrás de un talento rosarino, porteño por adopción, pero ya universal: Ronald Shakespear es considerado patrimonio del diseño mundial por los que saben y por los que no –desprevenidos peatones de Buenos Aires, por ejemplo… porque es coautor nada menos que de la señalización urbana de la Capital federal (con González Ruiz, en 1971), y realizador del cambio de imagen del Subte, el Bioparque Temaikén y el Tren de la Costa, entre tantos otros megaproyectos.

La muestra en retrospectiva exhibe “docenas de marcas y proyectos de gran escala, prototipos, libros, fotos, memorabilia, procesos, borradores, y también algunas honorables causas perdidas”, según señala el propio Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), Av San Juan 350, donde se exhibirá esta antología desde el 6 de junio al 30 de julio inclusive.
Un par de meses, 50 años. Mucho para ver.

ETERNO QUIJOTE CANYENGUE


Obra de Fabio Prieto

Un bandoneón rezonga
en la larga madrugada del barrio de al lado
alguien barre los puchos adonde quedan  
todavía dos o tres parroquianos
son almas que inútilmente intentan
vencer al final de la noche
que sobrevuela las terrazas

el zig zag de los pies que bailan la salida
la vuelta a casa
un auto que no arranca
la frente que busca en el volante a la almohada

un tren que llega tosco desde ninguna parte
una mina que no duerme de desromeo
y angustia y silencio
un perro que ata su voz al agujero
que cuelga del telón del cielo

el acoso de la fábrica del otro lado del día
cunetas hondas
ventanas quietas
acaso grillos

un tango de Alberto Bono

martes, 21 de mayo de 2013

FUEGO CRUZADO




Fíjese usted como se puede hacer desde las medias 
verdades un argumento presentable. 


La plata del Poder, ninguna duda.  
Las artimañas del Cuarto Poder (para vestir las cosas a la medida de sus intereses), ni qué hablar. 
Acaso si ambos se refirieran a un mismo tema al mismo tiempo y no escaparan por la tangente con las chicanas y evasivas que consisten en criticar frenéticamente a la trinchera de enfrente, el asunto sería interesante. 
Obsérvese en este precario póster como emerge la cada vez más definida línea divisoria entre ambos bandos. En el medio los que nos levantamos temprano, el laburar, la sensación de patria al vezre y una idea analógica que marea (medio apagada - medio prendida) con escasos volts.
No somos nada.

viernes, 10 de mayo de 2013

SUBE


Ya apretó el botón que ahora está rodeado por un aura de luz roja. Espera y desespera. Pero desesperó y espero tanto que ya está. Va a ver con impaciencia cómo se le abre la puerta al pasado. Volver al futuro: la reparación de un acontecimiento que se coló en la historia y no debió haber sido nunca. Volver al futuro, contradiciendo las leyes de lo posible: todo lo que baja, sube. Va a ver con impaciencia como se cierra la puerta y una vez adentro la fiesta será irrefrenable porque el digno remiendo al orgullo ya estará hecho. Porque va a soltar una catarata surtida de sentimientos impares que lo tenían rodeado y ahora explotan de alegría. Porque quiere creer que la enseñanza del tropiezo será andar con cuidado y porque para conocer la gloria tuvo que conocer lo hondo de la derrota. Pero eso -y todo lo que le pase por el cuerpo en apenas ese instante en que sienta que por fin va dejando abajo el pasado-, eso será sólo estadística, perfomance y anécdota a comparación de lo otro. Sube. Y arriba lo espera su Historia, su nombre en mayúsculas. Otra enmienda a ese gesto erróneo del destino: porque arriba es otra cosa, es pararse firme en la cima del regreso a su nivel y empezar a mirar hacia el cielo que ahora queda más cerca.  

martes, 7 de mayo de 2013

DONDE SUENA UNA ACORDIONA

Como para que Rosario no olvide su pertenencia litoraleña, el chamamé late aquí constante, popular y genuino: aunque lejos del primer plano. Más de ochenta programas de radio y ocho bailantas simultáneas por fin de semana, albergan a los descendientes del esplendor que en los ’60 promovieron Tarragó Ros y Ramón Merlo, y a su manera honran una historia en la que la ciudad fue protagonista clave del desarrollo de la cultura regional
Escribe: Joaquín Castellanos
Fotos: Sebastián Granata / La Revista del Chamamé

Al trance se entra a la par: él con los ojos apretados bajo el ala del sombrero; ella con la mirada fija por encima del hombro del compañero. Ahora ya son un mismo pulso en los dedos entrelazados de esa doble mano que marca el mecer ritual.
No es en Corrientes, ni en Formosa. Tampoco en el norte entrerriano.
Es a diez o quince  minutos del Monumento a la Bandera adonde el chamamé queda en segundo plano pero latente, casi subterráneo y soslayado, para explotar en un duelo de acordeones y guitarras.   
Invisibles al pulso habitual de la ciudad, en el Gran Rosario conviven hasta ocho bailantas por fin de semana, en algunos casos con una concurrencia que supera las mil personas por local, los domingos al mediodía; así como invaden las radios más de 80 programas sobre el género en la zona, e incluso una emisora de FM exclusivamente dedicada a la música litoraleña.
Son los herederos de la condición migrante provinciana, los sobrevivientes y descendientes de un legado histórico que desde hace más de medio siglo pelearon por convertir a este rincón porteño en una orilla más del Paraná.  



El Señor del Litoral y el Rey del Chamamé eran amigos. Ambos se radicaron en Rosario y tomaron la posta del Taita don Emilio Chamorro, al ponerle el pecho a la cultura litoraleña en la ciudad en los ‘60: El Rancho de  Ramón Merlo, en Rodríguez casi Arijón, y el salón Umberto Primo de la Sociedad Italiana De Socorros Mutuos, en Jujuy al 2500, de Tarragó Ros, marcaron la impronta local imborrable en la década del ’60.
Hoy, como obstinados herederos de aquel tiempo, persisten un puñado de lugares que emulan aquella gloria: en Rosario, La Carpa del Encuentro (Rouillón al 2800); el club Peñarol (Ovidio Lagos y Circunvalación); el Centro Tradicionalista Gauchito Gil (Rivarola y Circunvalación) y Gauchito Gil Sur (Ayacucho y Circunvalación); en Granadero Baigorria, La Tacuara; en Villa Gobernador Gálvez, el club Olímpico y el Centro Chamamecero; y en Capitán Bermúdez, El Rancho del Gauchito Gil, entre otros.
El itinerario lo da a conocer La Revista del Chamamé, una publicación mensual autogestionada que se vende en algunos kioskos de diarios y en las propias bailantas, dedicada desde hace tres años a documentar y difundir  el circuito regional de pistas bailables y programas de radio alusivos.  


Cuando se prende el cartel luminoso que dice “en el aire”, ella se transforma. No es  que imposte nada, sino que le brota desde lo más hondo de su correntinidad una ráfaga de pasión que la acompaña desde hace mucho.
Su padre tenía arrozales y a ella le gustaba ir al campo a acompañarlo. Sobre todo para la época de la cosecha, porque venían los peones golondrinas desde los lugares más lejanos, y con ellos traían sus costumbres y su música. Después de las tareas del día, recuerda, se hacía la olla del guiso carrero, y mientras todo se preparaba, iban apareciendo los acordeones y las guitarras. Esa era la hora mágica: la luz de la luna y la del fogón, nada más, y la música que parecía que salía del fondo de la tierra.
“Llegaba al alma. Yo creo que ahí empezó todo”, dice Nélida Argentina Zenón.


Nacida en Gobernador Martínez, Corrientes, hace 47 años que vive en Rosario y 35 que conduce diariamente Cancionero Guaraní, por Radio Nacional (AM 1300 - FM 104.5), de 16 a 17 hs. Ganadora del Cosquín ‘64, un par de años después llegó a la ciudad en la que se desdoblaría para convertirse en una de las referentes más vigentes del chamamé: a su carrera de cantante sumó la faceta de comunicadora y se quedó acá para siempre.
“Esta es una cultura de tradición que se ha transmitido de abuelos a nietos. Por eso el circuito actual es tan fuerte como al principio. Con la diferencia de que las nuevas generaciones, los músicos de este tiempo, le aportan su cultura nueva: hoy hay más escuelas de música, los chicos son todos estudiosos. Los profesorados suman sin dudas a la esencia chamamecera, le dan un valor agregado, le aportan técnica, los chicos estudian mucho más, pero además de pasar con los ejecutantes también pasa con los oyentes de radio: hay un enriquecimiento que no puede ser otra cosa más que bienvenido”, opina. Y nadie duda de su palabra autorizada, pero hay otros protagonistas que lo pueden contar en primera persona.


Mauri tiene 18 años y Simón, 24. Se apellidan Merlo y, como no podía ser de otra manera, son chamameceros. Uno es el hijo menor de Ramón Merlo, hermano de Monchito; el otro es nieto del fundador del clan e hijo del inaugurador de la segunda generación de acordeonistas en la familia. Tío y sobrino están ahora en Santiago del Estero de gira.
“Actúan esta noche, con una particularidad: tocan en boliches bailables, confiterías para chicos. Es algo poco visto en nuestro ámbito”, cuenta orgulloso Monchito Merlo.
“La verdad es que hay mucha juventud, muchos chicos que vienen atrás. Hay nenes de 8 o 9 años que tocan el acordeón muy bien y es a ellos a los que hay que apoyar”, agrega.
Y alguien parece haber tomado nota del asunto. 






En el mismo día, la zona oeste de la ciudad acapara la atención de muchos chamameceros. Unos mil ya tienen decidido adónde van a ir: la Carpa del Encuentro, en Provincias Unidas “al fondo”, ofrece un Festival de Chicos: sobre el escenario, los artistas serán 23 pibes, menores de 15 años, a los que acompañarán dos guitarreros.
Será lleno total.

La primicia llega por mensaje de texto. El dueño del dato recorre las emisoras, las bailantas, vuelca novedades y curiosidades en la pantalla, las acomoda, imprime y saca fotocopias para alcanzar los 500 ejemplares por número. No se olvida de sus colaboradores pero a la vez queda claro que casi todo pasa por sus manos: en una mesa de bar, abrocha las hojas recién llegadas y las entrega personalmente.
            “Un día, una mujer que tenía un programa de música litoraleña me contrató para que generara y administrase un sitio web sobre chamamé”, rememora Roberto Agonil, periodista y productor de shows que venía del rock. Confiesa que se encontró con una oportunidad singular: la casualidad se volvió terreno fértil, y se preguntó qué pasaría si se ocupaba de reunir todo ese cúmulo de expresiones sueltas alrededor de ese género que hasta el momento le era ajeno. Así nació primero www.chamame.galeon.com.ar, y después, La Revista del Chamamé, que acaba de cumplir tres años. 
            “Hay unos ochenta programas de radio sólo considerando emisoras de Rosario, Villa Gobernador Gálvez y Granadero Baigorria. Además, hay una emisora exclusiva sobre chamamé: FM Al Límite (87.5), de Matienzo y Lejarza”, señala.

 Del amplio menú en la oferta radial hay otra opción obligada por su tenor pero que además ilustra con detalles llamativos la era del acordeón online.
“Tengo muchos oyentes en Europa. Tengo amigos y familia en Francia, que se juntan a escuchar. Y cuando voy a Francia, generalmente por tres meses, hago el programa desde allá por internet y línea telefónica”, comenta Reina Bermúdez, poetisa santafesina que vino a estudiar medicina y convirtió en letrista de las canciones de Ramón Merlo durante 28 años; todos los grandes intérpretes del género grabaron sus temas. Ella se  autodefine como “difusora cultural” con presencia en la radio desde hace 47 años, tanto en LT8, LT2, LT3 y Radio Nacional, además de haber animado bailantas y festivales desde la década del ‘60 en adelante.   
            Actualmente conduce Despertar Chamamecero por FM Cordial (97.3) a diario, a partir de las 6 de la mañana. “Me escuchan mucho los que viajan, los pescadores y los albañiles…”, sostiene, y agrega que los isleños y los hombres de río “antes me escribían muchas cartas, y yo le mandaba por la radio mensajes de los familiares. Cuando salió el celular fue increíble. Me escuchan y se comunican de todas las islas de la provincia de Entre Ríos”. Y que los obreros de la construcción tienen una sección dedicada a ellos. “La mayoría son provincianos”, explica, y una sombra de pena le cruza el rostro. “Todos los días, una historia”, remata.


“Allá cerquita del cielo / entre los andamios / sentado como un tropero / le está mateando / En la radio sin querer / como un duende el acordeón / estirando un chamamé / le estremece el corazón”
(El Cielo Del Albañil, de Teresa Parodi -
Antonio Tarragó Ros)


Hilario Contreras llegó de Chaco cuando tenía 18 años. Era domingo, y el lunes ya estaba cargando baldes y bolsas de cemento. “Antes guitarreaba en las escuelas, en los cumpleaños… pero cuando vine acá dejé todo”,  se acuerda. Y dice que luego supo trabajar en una fábrica de helados y después en un frigorífico. Vive en Villa Gobernador Gálvez. “Ahora soy plomero gasista”, acota. Y termina por contar que de lo que nunca se olvidó, aunque no lo haya desarrollado, es de ser chamamecero.
Mario Torres se llama en realidad Mario Schivert. También vino de Chaco, pero nunca dejó de tocar el acordeón. En su casa eran todos músicos, y él no pudo escapar de ese destino. Además, aprendió de su abuelo el oficio de afinar el instrumento y hoy se gana la vida con eso, en su casa barrio Belgrano.
“A veces me mezclo con amigos que tocan”, dice humildemente.
Lo cierto es que Hilario conoce a Mario por haberlo escuchado en la radio en su provincia. De cuando el primero era tan chico que la madre no lo dejaba ir a bailar adonde el otro tocaba. Pero estando en Rosario, una vez le pareció reconocer ese acordeón, y cuando Mario bajó del escenario le dijo “¿vos no sos Schivert?”
Y sí, era. Y no les quedó otra que “enchamigarse”, aunque fuera tan lejos del pago y tanto tiempo después.
Entonces, un domingo, Hilario Contreras organiza un Festival de Chicos menores de 15 años en la Carpa del Encuentro, y lo nombra a su coprovinciano Mario Torres como padrino de la fiesta.
            Una historia entre miles. Los protagonistas cambian, lo que se mantiene es la esencia.


Cuentan que la familia consagrada fraternizó con un equipo de cineastas alemanes que llegaron a Rosario para filmar una película sobre su música y cultura litoraleña. Antes de comer, le tocaron un chamamé. Y las visitas rompieron en llanto.
– ¿Por qué lloran? –le preguntaron a la traductora.
– Es el sonido del acordeón –contestó la intérprete–; les causa algo muy fuerte en sus almas…
“Hay un porqué lógico en el origen de los acordeones y un reencuentro con quienes por distintas razones, la guerra por ejemplo, fueron despojados de ese instrumento y de una parte de su cultura –explica Monchito Merlo–; y seguramente todo eso está un poco desparramado por acá”.  
No hay dudas de su universalidad: el chamamé es evocativo, le canta al paisaje, a la madre, a la mujer. Y por si fuera poco, su árbol genealógico tiene ramas varias que acompañan largamente la teoría: Mario del Tránsito Cocomarola era hijo de italianos; Isaco Abitbol, de árabes; Ernesto Montiel, nieto de brasileros; Damasio Esquivel, descendiente de paraguayos; Tarragó Ros, de catalanes; y Reina Bermúdez, proveniente de una familia escocesa, por nombrar algunos.
“El chamamé es la esencia pura del hombre en la tierra, en el lugar en que esté. Ya sea aquí o en Shangai. Es la cultura representativa, es pertenencia –señala el acordeonista rosarino, y concluye–: es el respeto por la esencia hecho música”. 


ROSARIO, MAYO, 2013







jueves, 21 de marzo de 2013

INTERNET, LOS TIBIOS Y LA BIBLIA SIN EDITAR


Los gestos, ni siquiera los buenos gestos, por sí solos no cambian nada. Pero que los gestos se hagan desde adentro del dorado y desacreditado palacio del Vaticano, es más que algo. Aún en el seno del catolicismo, siglos de desvirtuar el cristianismo en función de la empresa de creer según los representantes del Cielo en la Tierra, se ha cuestionado más que nunca el papel de la institución clerical.
La irrupción de un perfil diferente en el nuevo Papa es, sin dudas, la posibilidad de sacudir –al menos empezar a desempolvar- milenios de distancia entre el mártir, sus presuntos herederos y los fieles. O constituye al menos un marco inédito que genera expectativas.   


Pero la novedad va más allá de los propios católicos. Ni siquiera hay que aclarar que no hace falta ser creyente en el credo en cuestión ni en ningún otro, ni elucubrar acerca del peso específico que tiene en la actualidad esta Iglesia –con tanto desencanto que favoreció a otras en la mudanza de la Fe.
La onda expansiva de la noticia nos alcanza a todos: por una antigua participación en los cimientos culturales occidentales y sus incursiones al resto del globo; y por una consecuente atención de todos –aún los más reacios al asunto, aportando su marcado desinterés como pieza fundamental en el debate-, con o sin Dios de por medio, en una especie de radiografía obligatoria a ese factor de poder en decadencia pero factor al fin.
Las reacciones a la aparición en la escena mundial del nuevo Papa, como ante todo lo que trasciende, han sido y serán dispares. A cada adhesión le sigue un repudio; por cada comentario esperanzador hay un oscuro y escéptico desengaño que advierte sobre una nueva maniobra enmascarada que terminará en más de lo mismo.   


Creo que es tiempo de tibios. Pero tibios a los que no los pierda ni la ingenuidad ni el eterno desencanto. Es momento, más que nunca, de ser moderados.  
Atentos espectadores con el índice en el gatillo de la crítica, por supuesto, pero también con la predisposición de aguardar el transcurso de los hechos para referirse al respecto.

Los extremos –la facilidad del más feroz pesimismo y la candidez de la pobre ceguera “buena”- no consiguen en este contexto más que embarrar la cancha con rencores irreversibles y omisiones disimuladas que derivan en el elogio sin freno.

Y hay mucho pero mucho ya dicho. Y mucho más por decir. Siempre hubo "de todo en la viña del Señor". Pero hoy hay (a la vista de todos) muchísimo más. Puede sonar sacrílego pero no hay profeta de hoy que no tenga conexión a Internet. Como entonces no había profeta sin piedra a la que subirse para declamar ante la masa sus revelaciones. Ahora hasta el Papa tiene twitter.


Lo nuevo tiene que ver con una amplitud nunca antes vista, un horizonte en el que nadie queda afuera aunque sigan existiendo posicionamientos privilegiados que marcan por ahora la diferencia. El hecho es que todos pueden opinar.
La insinuada prehistoria fue la imprenta y su proliferación hasta volverse producto accesible al menos para más de una tendencia a publicar sus inquietudes particulares sobre tal o cual tema. Y si más de uno era un avance, la multiplicidad desbordada –ingobernable!- implica un salto mayor.

La Prensa hoy, gracias a Internet, supone un universo inabarcable en el que cunden y caben todas pero todas las voces pensadas e impensadas. Habría que celebrar ese síntoma desmadrado, siempre y cuando prevalezca sobre cualquier mirada a esa chorrera de información la posibilidad de analizar críticamente todo lo que se dice. Esa gimnasia cotidiana no sólo nos puede salvar del ridículo en la mesa del bar, el ascensor, el aula o la oficina. Es el cauto modo al que nos debemos enfrentar a la hechura virtual de cada día de la Historia.

La red de redes deja convivir a los diarios de papel pero no sin reemplazarlos, ocupando su lugar en ese eslabón de contar mejor que nada y de infinitas maneras el mundo actual.
Internet es la democrática e inconmensurable Biblia sin editar de hoy.