viernes, 22 de febrero de 2013

SAN MARTÍN RECARGADO


Por Joaquín Castellanos

Anochece en el Campo de la Gloria (Foto: Jorge Pautasso)
 Doscientos años después del comienzo de la gesta emancipadora de San Martín en San Lorenzo, la consecuente instantánea del actual  panorama político nacional (los abucheos, sí, pero también todo lo que hay alrededor de esas expresiones) pinta de cuerpo entero lo que somos y lo que siguen siendo nuestros caricaturescos desencuentros: no son las diferencias sino las actitudes, indignas choznas de aquellas que terminaron por retirar a San Martín.
Dos siglos después, y viendo la evolución mundial de la política como mero acto de competencia por el poder, si aquel soldado noble viviera, derrotado estaría pensando en autoexiliarse en la Luna.

LA LIBERTAD NACIENTE

Por Joaquín Castellanos

Sólo por haber sido el bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo, el Combate de San Lorenzo es hito fundacional en nuestra Historia: esos soldados de San Martín fueron el núcleo de los que más tarde cruzarían los Andes y llevarían a cabo la expedición para librar a Chile y Perú. Los hombres que lucharon en proximidades del Convento San Carlos constituyeron la primera fuerza patriota entrenada, disciplinada, bien armada y uniformada, según coinciden la mayoría de los historiadores.
Pero nunca faltaron los cuestionamientos: se dijo que fue apenas una escaramuza, que duró entre quince y veinte minutos, que involucró a unos pocos hombres de cada lado.
Y ni hablar de los detalles laterales más controversiales que tienen que ver con datos biográficos de Cabral (¿sargento o soldado?), Baigorria y Bermúdez, entre otros protagonistas de este episodio.


"No es quizás la batalla más importante que se haya hecho en el territorio argentino actual;  no tiene una capacidad definitoria como la batalla de Tucumán o la de Salta, pero sí una gran carga simbólica, porque le puso freno a las invasiones de las armadas realistas que desde Montevideo generaban presión sobre las costas del Plata y remontaban el Paraná para subir hacia el interior del país. Y es una  gran hazaña en términos de estrategia militar”.
Así lo explica Hernán Brienza, historiador, politólogo y periodista, autor de El loco Dorrego. El último revolucionario, y de las biografías de Alfredo Palacios, John William Cooke, Emiliano Zapata y Farabundo Martí, entre otros.
- ¿Por qué llega San Martín a San Lorenzo?
- Yo creo que hay allí también hay una explicación política más allá de frenar a los realistas. La ida de Buenos Aires del entonces coronel San Martín tiene más que ver con sus enfrentamientos dentro de la Logia Lautaro con Carlos María de Alvear, - quien el 31 de enero inaugura las sesiones del año ’13-, más que con la necesidad estratégica real de que los granaderos estuvieran en San Lorenzo en aquel momento.

Hernán Brienza
- San Martín pasó una década liberando a América y más de veinte años sirviendo a España. ¿Eso era observado con recelo por el poder central, o no tiene alguna implicancia en que lo enviaran a pelear a San Lorenzo?
- No. Hay una confusión, un error que se repite en el tiempo y tiene que ver con lo que nos fueron inculcando en la escuela. Uno está acostumbrado a utilizar términos como españoles y americanos, cuando en realidad la discusión es entre realistas y republicanos. Que haya sido alférez o soldado del ejército español no significa que el combate de San Lorenzo, el cruce de los Andes y la liberación de Chile y Perú, puedan verse ninguneadas. Porque además en España, San Martín está muy relacionado con lo que es el ejército liberal español, que debe combatir a Napoleón, pero lo hace con contradicciones. Incluso a veces con una serie de contactos muy interesantes con el liberalismo francés. Pasa con toda la experiencia que va entre 1908 y 1913, cuando la restauración final del Fernando VII está llena de contradicciones entre el liberalismo español y el absolutismo. Porque el regreso del rey pareció en un principio que venía de la mano de una monarquía constitucional; sin embargo su regreso es absolutista, y quizás por eso muchos de los liberales que estaban combatiendo a las órdenes de España, vienen a estas costas a continuar la revolución política que intentaban protagonizar en Europa. Además, que en aquel momento no había argentinidad, había americanismo. San Martín, Bolívar, Belgrano o Dorrego, hablan de América, se sienten republicanos americanos, y creo que ese es el verdadero trasfondo político que hay detrás de esto.


- Se habla de sacar del bronce o del mármol a los próceres, pero también existe un proceso que tira del pedestal principalmente a los historiadores.
- Hay como dos operaciones políticas o culturales que desarticular. Primero, convertir a un hombre común en prócer y ponerlo en el mármol, conlleva quitarle complejidad a la persona. Con esa maniobra también puede despolitizarlo: quitarle las contradicciones, quitarle las ideas. Y con San Martín ocurre que es un prócer militar pero no es, según nos mostraron, un prócer político. Y la segunda operación cultural tiene que ver con convertir en mármol o en bronce a la propia Historia y, con ella, la voz del historiador, impidiendo que cualquier “ñato”  pueda a dedicarse a revisar el pasado colectivo… O sea que la Historia quede para los hombres de mármol en las academias es tan negativo como convertir en bronce a los hombres que hicieron la Historia.

ESCARAMUZA POLÍCITA A LA SOMBRA DEL COMBATE


Por Joaquín Castellanos

(Foto: Sebastián Granata)
Anónimos, espontáneos, impunes y genuinos. Los abucheos al vicepresidente Amado Boudou fueron protagonistas del acto, por encima de los festejos y hasta de los discursos políticos. Porque los propios oradores –primero el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, después el gobernador Antonio Bonfatti y el propio funcionario nacional-, habían hecho la tarea correctamente: al menos desde sus alocuciones y a sus modos particulares, las propuestas de los dirigentes eran homenajear el espíritu  sanmartiniano con el ejemplo, evocando “la unión”, “dejar de lado las diferencias” y “enfrentar juntos al enemigo común”. Por una vez, los dirigentes políticos habían guardado las formas en público, pero el público no delante de ellos.

La crónica de los hechos guarda las respuestas. Y otro poco se esconde en las interpretaciones ciudadanas y las prácticas del poder. 
¿Santafesinos hartos de los ataques del kirchnerismo a las autoridades elegidas en la provincia –“narcoescándalo” y estigmatización  mediante? ¿Un indicio del agotamiento del modelo ? Tal vez. ¿Sentimientos “caceroleros”  que vieron en Boudou un blanco fácil? ¿El “Clarín” estridente sonó? Puede ser.
Acaso todo junto, o tal vez nada de eso. En San Lorenzo, además, también pesaron otras razones.  

PRELUDIO DE SAN LORENZO
Intendente de San Lorenzo Leonardo Raimundo
El intendente Raimundo es un radical que integra el Frente Progresista, reelegido con el 70% de los votos. No es novedad que no esté primero en la lista de los distritos favorecidos por la Nación, como tampoco lo es que San Lorenzo sea un lugar hostil para el kirchnerismo, sobre todo después de los cortocircuitos que anuncian la proximidad de un año electoral.
Nada justifica los improperios ni la silbatina ni los abucheos, pero si es necesario buscar otra razón que explique todo eso, hay un asunto medular que tiene que ver con un resentimiento local que se disimuló hasta donde se pudo, hasta que estalló. 
A la falta de apoyo económico para la conmemoración histórica, se sumó lo que tanto funcionarios como vecinos señalan como una calculada falta de voluntad, que mezcla inútilmente las cosas. “Suponete que eso haga a la política –supo plantear  un dirigente radical-, pero el 3 de Febrero es una cuestión nacional”, se lamentó.

(Foto: Prensa San Lorenzo)
“Esperábamos que se decretara feriado trasladable al lunes, para tener una gran fiesta el domingo por la noche. El proyecto fue aprobado en Diputados pero no pasó por el Senado, y la idea naufragó –explicaron en San Lorenzo- ; la bronca es que para el jueves anterior a los festejos, se instauró el feriado por única vez por los 200 años de la Asamblea Constitucional del año ‘13. Y -apuntaron indignados-, se reconocieron otras batallas como las de Salta y de Tucumán, y no se le dio al Combate la dimensión de lo que significa para nuestra Historia”.
La procesión iba por dentro. Pero en algún momento explotó.

BANDERA Y BANDERÍA
El estadio montado sobre el Campo de la Gloria se había ido llenando varias horas antes del comienzo del acto central. Para entretener a la gente, bastó inicialmente el ensayo general de los distintos cuerpos castrenses en el verde suelo como si se tratase del liviano entretenimiento previo del partido preliminar de reserva en el fútbol.

(Foto: www.lacampora.org)
Pero hubo un momento en el que las banderas en las tribunas ya no fueron las celestes y blancas con el sol mudo: sobre las seis de la tarde, La Cámpora enarboló sus consignas partidarias que flamearon en cantidad, aunque esta vez en un lugar no muy privilegiado, a diferencia de lo ocurrido en el Monumento Nacional a la Bandera hace poco más de un año. Les tocó un rincón lejano, recortados de la bruma del río en una de las esquinas más cerca de la barranca que del palco de los oradores.
La reacción en principio fue moderada pero de a poco, como ocurre en la cancha, inundó los dos costados ya bastante colmados de multitud.
“¡Que se vayan!¡Que se vayan!”, fue un cántico que se fue desparramando por el Campo de la Gloria en alusión a los recién llegados. 
Acaso los amagues de destrezas que ensayaron los Granaderos no buscaban ser un despiste para devolver los ánimos al letargo de los momentos previos al acto central. Pero por un rato lo fueron.

SORDO RUIDO
Al vicepresidente lo empezaron a increpar e insultar en el camino al palco oficial, y las primeras ofensas no surgieron de señores bocasucias o jóvenes insolemnes: fueron señoras que dejaron de tomar mate para levantar un dedo acusador y putear cual barrabrava profundamente entrenado en las artes del maltrato verbal.

(Foto: Sebastián Granata)
Los oradores apuntaron hacia un mismo punto: “San Martín dijo que debemos luchar contra todo lo que nos divide y cuidar todo lo que nos une”, expresó Raimundo; “la potencia que nos daría tener una estrategia compartida”, deseó Bonfatti; y “esa batalla (…) que nos permite aquí ver que tenemos un pasado en común y que también estamos construyendo todos juntos un destino común”, señaló Boudou.
Pero nadie reparó en nada de eso. El aplausómetro premió al anfitrión radical, aprobó ciertos tramos de lo dicho por el socialista, y no dejó de insultar, chiflar o abuchear  mientras hablaba el vicepresidente o cada vez que lo mencionaban.
Naufragó el intento del intendente sanlorencino por frenar los abucheos: “Estamos conmemorando el bicentenario del Combate. Demostremos a todo el país que acá somos sanmartinianos y patriotas”. Un tibio aplauso bajó de las tribunas, pero el fragor de los murmullos desaprobatorios volvió apenas Boudou dio las gracias por el gesto.  Sólo restaba que, aturdido por la adversidad, el segundo de Cristina abandonara el discurso de las comuniones nacionales para increpar al público que lo abucheaba con una frase desafortunada: “Es una actitud fascista no escuchar lo que otros tienen para decir”, aludiendo a Alfonsín de un modo confuso, lo que generó más indignación que remedo. 
Cuando ya no quedaban oradores, sin un mero punto y aparte, la locutora anunció que detrás del palco había un chiquito perdido. Alguien bromeó que se trataba del mentado ser nacional. Bien podría haber estado hablando en serio.  

PADRE NUESTRO QUE ESTABAS EN EL BRONCE


Por Joaquín Castellanos

Parafraseando al poeta Belisario Roldán,  tras los festejos del Bicentenario del Combate de San Lorenzo se puede hablar de una doble liberación –una literal y otra simbólica- de la figura de San Martín del metal con el que se hacían antes las estatuas. 

Monumento al Libertador en el Paseo del Bocentenario, en San Lorenzo
En primer lugar, a partir del monumento recientemente inaugurado en el Paseo del Bicentenario: un Libertador a escala real, hecho en fibra de vidrio y resina epoxi por el artista plástico Fernando Pugliese.
“Los conceptos en cuestiones de escultura han cambiado”, explicó Iván Ludueña, secretario de Gobierno y Cultura de San Lorenzo, como si hiciera falta justificar la elección del autor del parque temático “Tierra Santa”, del proyecto “Tierra Patria” y de las estatuas de Olmedo y Portales como Álvarez y Borges, en Buenos Aires, para homenajear a San Martín. “El material es un poco más consistente que el de las estructuras de las embarcaciones. Es liviano, hueco, pero con una resistencia prácticamente antivandálica”, agregó el funcionario.
El General sobre su corcel con el sable marcando un  punto indefinido en el frente, vino a saldar una antigua deuda insólita: en el mismísimo lugar en el que casi muere por quedar aprisionado por su caballo desplomado, no había hasta ahora una estatua ecuestre de San Martín.

Roberto Colimodio Galloso y Julio Romay, autores del libro
Otro hecho auspicioso para la humanización del prócer y de su entorno, es la aparición del libro “Soldados de San Martín en San Lorenzo”, de Roberto Colimodio Galloso y Julio Romay, dos apasionados del Combate que consiguieron hacer una investigación exhaustiva, indagando en la letra chica de la Historia. Biografías, datos nuevos sobre hechos y aspectos descartados por los relatos conocidos sobre el episodio, y un trabajo genealógico que recorre la descendencia de un grupo de jóvenes de la zona, que se ofrecieron  como voluntarios en 1813: Nazario Palacios, Manuel de Isasa, Felisardo Piñero, Pablo y Alfonso Rodrigáñez;  o el Oficial Voluntario Capitán de Artillería Julián Corbera, quien  participó del Combate, y antes también de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, y en varias batallas contra los artiguistas y que, según la investigación, una calle en San Lorenzo le rinde homenaje, aunque su apellido está mal escrito y en los carteles dice Cervera
“Pareciera que no hay cosas nuevas para decir, además de que todo lo dicho es  controvertido –sostuvo Romay, y prosiguió-: nos ocupamos de intentar echar luz sobre aquellos que estaban en un segundo plano o, como decimos en el libro, los que no están en el bronce de la Historia”.
Con la rigurosidad que demanda el oficio pero definitivamente otra manera de asomarse a la Historia, desde otro lugar.
“Había un enfoque realista, con diferencias entre autores, todo tenía un molde. Había trazo grueso, y el resto no había sido abordado nunca. Desde Mitre, todos abrevaron en la misma fuente y hasta cometieron los mismos errores, y a muchos les ha dado por  una pluma demasiado florida, tanto que terminaron por inventar…”, suelta Colimodio Galloso. 

jueves, 7 de febrero de 2013

SAN LORENZO ERA UNA FIESTA


Por Joaquín Castellanos

LA PREHISTORIA DE LOS FESTEJOS

Hubo un fin de semana completo de actividades alusivas por el Bicentenario del Combate de San Lorenzo (un encuentro de Bandas musicales, desfile junto a la Fanfarria Alto Perú, inauguración del Monumento al Libertador y el acto central en el Campo de la Gloria, entre otras evocaciones) y el  resto del año promete recordar la gesta con un calendario especial de aquí hasta diciembre.
Hacía un año y medio que la ciudad se venía preparando para el Bicentenario del Combate. Pero más allá de lo protocolar, el entusiasmo y la ansiedad que los festejos le impregnaron al lugar, desde siempre San Lorenzo ha vivido alrededor del Padre de la Patria, trascendiendo la frontera de las fechas. Y eso se nota.

Ivan Ludueña es el Secretario de Gobierno y de Cultura local. En el marco del Bicentenario, es la cabeza de la coordinación para la realización de los festejos. 
En su despacho, entre afiches de la conmemoración y  debajo de la figura de San Martín, el funcionario palpitaba la proximidad de la celebración en medio de los preparativos. 
“Confirmaron contingentes turísticos de todo el paíse incluso de España, Francia y Portugal”, dijo a finales de enero. Asociaciones sanmartinianas de toda la geografía argentina –en algunos casos, con delegaciones de hasta 50 personas- y cabalgatas desde varios puntos del país, principalmente desde localidades que llevan los nombres de quienes participaron del Combate, habían comunicado su intención de estar presentes en este particular aniversario.

San Lorenzo tiene una población de 50 mil habitantes, y la capacidad hotelera es de unas 450 plazas, que se duplica con la opción de sumar cabañas, complejos y alojamiento en los alrededores. Para el Bicentenario del Combate, con o sin planificación, el desborde está asegurado.


“Fijate –dijo una empleada en el ingreso del edificio a medio terminar-: adonde te pares, este San Martín siempre te está mirando”.  En San Lorenzo, se sabe, San Martín es una especie de figura sagrada: la merecida inmensidad del prócer se potencia en las proximidades del Convento San Carlos y el Campo de la Gloria. En el umbral de la conmemoración redonda del bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo, se incrementaron los folletos como estampitas con los diversos rostros del  Libertador (según cada retratista), así como se intensificó la promoción de los itinerarios casi rituales detrás de los pasos del General.



Al lado del busto del Libertador, una máquina mezcladora de cemento tiene ocupada la boca con herramientas de albañilería. Al Centro de Información al Turista lo sorprendieron los festejos en plena remodelación-ampliación. Desde hace unos seis años, la ciudad se quiere convencer a sí misma de su potencial turístico basándose en su innegable riqueza histórica, pero no terminará nunca de hacerlo si no cuenta con al menos la estructura básica que demanda esta industria tan incipiente como promisoria.
“Esto se inició en los ’80 por el intendente (Hugo) Rippa, y al morir en medio del mandato, la obra quedó inconclusa”, señalan en la municipalidad. Esperan que para abril la construcción esté terminada. No se trata sólo del corte de cinta, explican,  sino de una necesidad más profunda: no son pocos los días en los que los alrededores del Campo de la Gloria se llenan de colectivos con escolares. Pese a esa constante, no hubo hasta ahora en ese paseo un lugar que ofrezca baños adecuados o una oficina de información.
“Por acá pasan 80 mil chicos que vienen al Convento, están dos horas y se van sin saber muy bien adónde estuvieron: no saben si esto es Rosario o qué…”, comentaba Julio Caramuto, del área de Turismo. La idea es que pronto funcione plenamente un centro de atención a los visitantes adonde se les pueda brindar datos de la ciudad y los servicios fundamentales.



Adriana Gaetano es profesora de Historia y presidenta de la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Lorenzo. En la currícula, el Combate es apenas un párrafo en el capítulo de la Revolución de Mayo, pero ella se las ingenia para que sus alumnos hagan un trabajo monográfico anual.
“Les pido que investiguen, primero en casa, que le pregunten a los vecinos, a los mayores. Así San Martín está todo el año en el aula…”, dice.




Faltaban diez días para la fecha clave del 3 de febrero.
Los sordos ruidos tras los muros del Convento, versión 2013, provenían de la descarga de estructuras metálicas que unos empleados apilaban para que pronto se transformaran en gradas para unas 30 mil personas.