lunes, 9 de septiembre de 2013

TANGO FEROZ


Tras ser distinguido con el premio Gardel por su disco Tangolpeando, Adrián Abonizio desmenuzó los pormenores de una especie de  “blanqueo” como artista de un género al que siempre perteneció. El primer reconocimiento por fuera de la Trova Rosarina y la grata experiencia de la realización premiada. Además, la particular visión de una música ciudadana rozagante en el funeral del rock.

Escribe: Joaquín Castellanos - Fotos: Blue Art / CAPIF
  
“En la FM Tango de Rosario ni me nombraron”, protesta el flamante ganador del Gardel en la categoría Mejor Álbum Nuevo Artista de Tango por Tangolpeando (BlueArt, 2012).
“Ni siquiera pusieron un tema mío. Ni me llamaron para decirme no estamos de acuerdo con usted porque es kirchnerista… no sé”, reflexiona, fiel a su estilo, el cantautor.
En Rosario no es ninguna novedad: Adrián Abonizio no es tanguero de ahora. Desde el ya casi himno Mirta, de regreso hasta el reconocido Constitución de noche –incluido en el disco ganador-, o directamente por las milongas Todo a mi favor, La Vitrina o Graffitti de las Almas, entre otras tantas, escritas por el rosarino para otros intérpretes. Desde siempre, la obra de Abonizio ha respirado  tango. 


“Yo no soy rockero porque no abrevo en la filosofía rockera en cuanto a un montón de cosas que son ridículas e insanas. Soy tanguero, y no por chauvinista, porque nací y vivo en Argentina, sino por una filosofía casi samurái, casi de creencia religiosa, de las cuales yo no me muevo, y que están tanto en el tango más llorón como en el más progresista o lírico, el más copado…”, dice.
_ Suena raro el rótulo de “nuevo artista de tango”. El tango siempre estuvo presente en tu obra. Este premio Gardel, ¿viene a ser una especie de blanqueo?
 _ Y sí, en verdad es un blanqueo… Son varias cosas. La primera es para decir… como pasa cuando alguien sale del placard al confesar su  homosexualidad: bueno, me cansé de que la gente no sepa, o que a mí me dé vergüenza decir que soy tanguero… Me cansé de hacerlo para otros, porque yo no es que hacía tangos con pudor: los hacía con orgullo. Y quería grabar un disco que fuera de tango… Otra cosa que me pasó fue que tuve el apasionamiento necesario para no dejar morir a este disco que tiene diez o doce años de grabado…


_ Sabemos lo que representa este premio en general. Para vos, ¿tiene algún significado especial?
_ Es un reconocimiento que me deja decir ya juego en este equipo… que me gané la titularidad sin moverle el piso a nadie… Además, la verdad, es la primera vez que siento que me reconocen por fuera de la Trova Rosarina. Es como un esperado reconocimiento por fuera de esa especie de familia italiana o judía, si se quiere, en el sentido de los clanes, de la creencia religiosa profunda … Siento que por fin hice algo por fuera de esa vanidad que a mí me avergüenza pero que me hace sentir digno porque yo a eso lo he planteado muchas veces… Con la Trova sólo hemos hecho buenas canciones pero nunca hemos hecho escuela de nada…
_ ¿En qué falló la Trova?
_ Es que hemos sido un grupo poco eficiente para la solidaridad, muy buenos poetas y músicos pero muy poco sensibles para la comunidad que todavía está esperándonos… Son mis amigos de toda la vida, eh. Yo me siento orgulloso de la Trova Rosarina, de la calidad, del calibre de las canciones, pero hasta ahí. Es imperdonable que en el momento en que se cumplieron 30 años, no nos juntáramos para hacerle honor a esa fecha cuando teníamos todo a la mano: uno porque tenía que hacer una gira, otro porque el pelo no le salió bien en la foto, otro porque no le dijo al otro, y bueno… Por eso esto del premio viene a decir un poco eso: sobresalir con otra gente que no es la Trova para mí es un reconocimiento especial. Porque esto es otra cosa. Es una agrupación más afectuosa, con un fin más interesante, no digamos que revolucionario pero por lo menos con un afán de victoria grupal…


PASIÓN Y CUENTA NUEVA
“Lo alucinante de todo esto es que la gente que hizo este laburo conmigo, y lo digo sin ánimo de demagogia porque no soy de hacer demagogia con mis amigos… Todos son músicos que no son exclusivamente del tango y que pueden tocar cualquier cosa. Rodrigo Aberastegui, que es mi otra mitad en este disco, es un músico que puede dirigir una sinfónica o tocar en la calle si quiere”, explica Abonizio.
De Tangolpeando -su primer trabajo en estudio después de seis años, editado por el sello Blue Art en junio de 2012-, participaron Erica Di Salvo en violín, el bandoneonista Gabriel Rivano, además de Horacio Hurtado y Hugo Pico.


             “Nos dijimos tenemos que hacer tango porque lo sentimos… Y, ¿cómo se hace? Con amor, copiando las formas con amor, es decir recordando, sintiéndolo”, cuenta Abonizio, y agrega una aproximación a las dimensiones del desafío: “si vos conocés lo que es un potrero, no te va a asustar patear un penal”, apela el cantautor a la jerga futbolera para ilustrar la situación, y prosigue: “si tenés muchas horas jugando, sabés cómo tenés que jugar… Nosotros tenemos muchas horas de vuelo escuchando y si sabés escuchar, lo podés tocar”.
El resultado de este reunión en tierras del 2x4 es el disco galardonado que contiene  un grupo de 12 piezas –todas escritas por Abonizio y en su mayoría musicalizadas por Aberastegui- que consiguieron que por fin el trovador rosarino traspase ese tácito umbral que le impedía hasta ahora afirmar rotundamente su condición de tanguero. 


LO QUE VENDRÁ
“Ojalá la corriente benefactora siga así. Y ojalá que en algún momento no hiciera falta poner la palabra tango en el título para que se note que es un disco de tango”, reflexiona Abonizio. “A lo mejor un día no va a hacer falta aclarar nada y nos relacionen directamente”, se esperanza.
_ ¿Cómo ve el presente pero más que nada el futuro del tango?
_ Yo tengo una expectativa enorme con los nuevos autores: hay como 15 que conozco y que me parece que muy pronto vamos a estar hablando de ellos también.
Y como si les hablara a ellos, a los jóvenes compositores que miran con cariño al 2x4, Abonizio ensaya una reflexión de inconfundible remitente: “el tango te está esperando, pero es el cuco que te espera en el bosque, eh. Tenés andar solo en la oscuridad y aunque seas grande te la tenés que bancar.  Pero es terapia. El tango te da la oportunidad de agarrar esas sombras de la noche y del alma, y de transformarlas en algo poético. Es la oportunidad de mostrar lo horroroso que te podés sentir. Te deja hacer catarsis. Lo peor que tenés guardado, hacélo letra de tango. Lo que pasa es que hay que tener oficio y también tenés que tener siempre sentido del humor…”, dice.


            Por último, hay que rebobinar a la noche de la entrega de premios en el Teatro Ópera porteño adonde el cantautor del disco que sería premiado llegó sobre la hora y, según cuenta la leyenda, sin hotel donde bañarse se acicaló con toallitas para bebé en el auto, en la puerta de un cercano supermercado chino.
            Aquella noche, como para alimentar a esa épica canyengue, al escuchar su nombre surgió de entre el glamour de los asistentes a la fiesta, enfundado en una campera de cuero y con el mostacho de inmigrante italiano, trepó al escenario y, entre otras cosas, con dijo al micrófono: “el tango nació con riesgos pero hoy ya no los tiene más en aquel sentido.  Por eso yo les pido a los más jóvenes que dejemos de cantar los tangos galardonados con mil estrellas y empecemos a cantar los tangos con letras nuevas…”.
Acaso fuera un ladrido de perros a la luna.
Acaso no. Igual que en un tango.


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