sábado, 6 de junio de 2015

¿EL DEBATE BATE QUÉ DEBE VOTAR LA BOTA?


En una semana hay que votar y este debate quedará en el olvido. 
O no. 
En sus primeros minutos de vida -o sea, desde que se ha extinguido hace un rato-, late contundente el papel de cada uno de los postulantes. 
No estará aquí de ninguna manera otra cosa que no sea las formas. Un poco porque el contenido de los ejes presentados por las opciones electorales no difieren demasiado unas de otras, y otro poco porque tampoco se deslomaron por hacer notar cuáles son sus proyectos puntuales para cada caso. 

EN RESUMEN 
Durante dos horas tuvieron alternadamente la palabra para proponer y chucearse, convencer por qué sí ellos y no los otros. 
Aunque subjetivo, el balance no debe ser muy distinto en general. 
Aquí un puñado de sensaciones que buscan explicar un poco lo visto en la pantalla hace escasos minutos (tomando como orden el dispuesto para las conclusiones de los candidatos):
  

Perotti nunca se pudo escapar del spot de campaña y por eso pareció en todo momento un político de póster. Le sobraron slogans de campaña y si bien intentó hacer pie en su condición de hombre de gestión persiste en su tono un eco plástico, un algo prefabricado que delata cierta incomodidad de ser el tercero -aún sin que eso sea improbable más allá de las PASO, y represente una tendencia impuesta o lo que sea. El candidato del kirchnerismo sabe que su empresa es cuesta arriba, y se le nota, aunque intente mostrar denodadamente lo contrario. 

Crivaro sobresalió por vehiculizar sus reclamos y críticas como si estuviera al frente de una asamblea, y desafió al resto permanentemente sin recibir rebotes, aunque la falta de propuesta lo puso, a mi entender, en el lugar de un fervoroso líder de estudiantina o vecino realista y molesto en una caldeada reunión de consorcio. Así y todo, cumplió con su rol de ruptura, de alternativa necesaria para quien no opte por la tropa de postulantes que se diferencian tanto como se asemejan, a la par de la izquierda, por definición. Fiel a sus convicciones, aprobó, y por eso se destacó. 

Miguel Del Sel se movió con soltura en la conducción pero de programa de televisión: manejo los tiempos y los modos. De política, nada. Se repitió en eso de soñar otra realidad posible aunque sin reparar en una sola idea concreta de cómo conseguirlo, y ni la sombra de una sola solución a sus propias quejas. Y abusó del latiguillo "el otro día" para comenzar un relato que pretende resumir los problemas de la provincia en situaciones vividas por gente de carne y hueso para finalizar en anécdota montada para la ocasión pero sin siquiera recorrer un leve atisbo de manera de abordar lo planteado. 
Mucho perfume a Durán Barba...
"El otro día me encontré con Nerina, una policía que tiene tres hijos y tiene que hacer adicionales para darles de comer...".
"El otro día me dijo un productor agropecuario: Che, Miguel, ¿sabés lo qué pasa con el campo?, etc". "El otro día caminando la provincia". "El otro día me dice un muchacho que empezó con un torno y hoy exporta..."
Aunque, nobleza obliga, "el otro día etc." bien puede que no sea un recurso rebuscado para anclar al candidato a lo cotidiano, eh. Y sea sí una deformación profesional del StandUp.

Lifschitz se intentó mostrar sólido, firme y persuasivo. En parte, dejó en claro que tiene la gimnasia ejecutiva que requiere el cargo -gobernó en dos periodos Rosario. Sin embargo, tuvo que lidiar permanentemente -y de ser gobernador deberá de algún modo seguir lidiando- con el señalamiento por la antigüedad de su partido en el poder y, a la vez, proponerse como cambio o garantía de solución a los problemas que se profundizaron en todo este tiempo. Así y todo, hay que decir que estuvo a la altura de las circunstancias. Convenciendo a los suyos, que no es poco. Hay que ver, más allá del socialista y de  Crivaro, sinceramente, cuántos más cumplieron con ese básico requisito. 

Finalmente, Cachi Martínez tuvo un desempeño aceptable, según lo propuesto por el lenguaje televisivo, pero sin sorpresas: repitiendo la cantinela del massismo vencido que sabe de antemano -como el kirchnerismo provincial aunque sin el amor propio de la militancia pofiada y, perdón, la lealtad sobre todo- que su condición es irreversible. Digamos que se le adivinó al candidato que intentó sobrellevar el momento sin descanso aunque con más esfuerzo que seguridad.  

FÓRMULAS
A mitad del debate -antes de arrancar también pero había que darle la oportunidad al desarrollo del asunto-, no era nada difícil bucear en el ADN político de cada uno de los expositores. 
Esta fue -y sigue siendo- la composición genética de los candidatos al mostrar sus propuestas o consumir sus minutos con palabras que rellenen esos períodos, expresado en álgebra caprichosa pero creo que a esta altura ya irrefutable.   

Bonfatti x Binner + Coaching ontológico = Lifschitz

Macri + Reutemann = Del Sel 
       Menem

 Massa - Intendentes desertores = Cachi Martínez

Scioli + (Randazzo - Trenes) - Locutor hablando rápido = Perotti 

Marx : Los 6 distritos de Rosario = Crivaro

En todos, acaso a la luz de una lata monocorde, en algún momento quedaron a la vista -casi que fueron instantes de desnudez de maquillajes- sus modos auténticos. Y todos fueron alcanzados por igual. 
Se trata del tiempo en que les tocó a cada uno tomar la palabra inmediatamente después del pase de los periodista que moderaban la charla. Los arranque fueron dispares, desde repetir el buenas noches hasta agradecer de más el pase, o quedarse estáticos y mudos  más tiempo del necesario, o ensayar una sonrisita nerviosa como prólogo a la alocución. Ahí, sin planeamientos ni machetes, sin movimientos de manos ni gestos ensayados, se los pudo ver a todos más allá de la máscara proselitista. Quedaron con el DNI político real al aire. 

LA REFUTA QUE LOS PARLÓ
Esta vez hay que agradecer que por lo menos hubo ciertos roces necesarios para que la discusión sea política, y el principal responsable ha sido, a mi entender, el candidato de la Izquierda que ofició de tal (¡por fin!) saldando la deuda que había dejado la semana pasada  Finkelstein, acaso acosado por los nervios u otros factores lógicos frente a la cámara (no es lo mismo la arenga de mitin que intentar hablarle a nadie y a todos desde adentro de un saco y abajo de los reflectores de un estudio de televisión.   
Mayor entonces el mérito: el papel fundamental de la estocada transformó este domingo a Crivaro en protagonista, clave en el compás del presunto debate que superó así la instancia de mera muestra de propuestas de volante partidario -nótese que en ningún lado dice panfleto, que es otra cosa muy distinta, porque la mayoría de las veces lo propuesto no alcanza ese honrado nivel. 
El trance llevó el programa especial a un terreno distinto -que acaso puede ser la antesala o el ensayo del regreso de la Izquierda a las discusiones gruesas.  
Entonces, con cruces varios ya instalados, no solo el tiempo de réplica sirvió para referirse a los contrincantes, sino cada intervención. De esos enfrentamientos dialécticos pudo verse entretenidos a los Migueles intercambiarse chicanas, tal como a su modo lo hicieron el kirchnerista y el del massismo, mientras que el zurdo Octavio con puntería fina los apaleaba a los cuatro con un baño contundente de realidad. 
Sólo un punto le impide, a mi criterio, quedarse con el debate a Crivaro -y a la Izquierda en general: se puede tener razón en todo pero carecer de herramientas para intervenir el cuerpo de esas críticas es parte del mismo desencanto. 
La idea es que cuando ese perfecto diagnóstico encuentre un modo preciso de ser saneado o, en su defecto, un socio ejecutivo en quien confiar, habrá Revolución desde las urnas.
Acaso lo que salga del estómago de las del domingo que viene reclame precisamente eso. Y en ausencia de ese combo se conformen con premiar a un espejismo, cualquiera sea.

Rosario;
en la frontera entre el 6 y el 7 de junio de 2015.-


No hay comentarios:

Publicar un comentario