sábado, 26 de mayo de 2012

MAYO Y ONCE MESES MÁS


Al porteño edificio de la Jabonería de Vieytes, cuartel ideológico de la Revolución de Mayo, lo pasó por arriba la avenida 9 de Julio, algún día de la década del 60 del siglo pasado. Igual, dicen que, por suerte, las ideas ya no estaban ahí adentro. Algunos creyeron haberlas sumergido antes para siempre junto a un abogado apagado misteriosamente en altamar, las presumieron podridas en la lengua deshecha del "orador de Mayo" o las adivinaron fundidas en los bolsillos vacíos del creador de la Bandera. Pobres de los vaticinadores profesionales del destino de las buenas causas.
Hoy, a 202 años de la gesta nacional más noble y austera, el mayor homenaje a Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano es la cabal existencia de miles de pensadores y laburantes anónimos que se levantan de la cama cada día soñando con la posibilidad de  volver cada vez más mayo a los once restantes meses que trae el almanaque.
Siempre da placer toparse con los desparramados cachitos de aquellas ideas que pueblan todavía los rincones más inesperados. Tanto como dan risa los "enjabonados" sepultureros fracasados de la Patria, haciendo su patético show en cualquier lado.

viernes, 18 de mayo de 2012

ATAHUALPA YUPANQUI, ESE SOPLO ETERNO

Para mi viejo, responsable absoluto 
de este sentimiento  yupanquiano

La quietud de la madrugada respira la voz y la guitarra de Atahualpa Yupanqui. Lejos de las precipitadas actividades del día, la noche se esconde atrás de un silencio aparente. La calma es una canción que se escucha con las entrañas. Las cuerdas, apenas por encima de lo necesario para ser sonido; la voz, un rumor vestido de palabra con lo justo. La poesía, sencilla y profunda, la traducción perfecta del mundo hombre adentro.  





Se llama como quiso llamarse, por timidez, desde los 13 años, cuando debió firmar al pie de sus primeros sonetos y poemas. Primero fue "Yupanqui" y luego le antepuso "Atahualpa":  "el que viene de lejanas tierras para decir algo", en quechua.  
Héctor Roberto Chavero había nacido en enero de 1908 en Campo de la Cruz, un paraje ya desaparecido, cercano a Pergamino. Su vida fue la inquietud, la curiosidad permanente del que aprende (y enseña) mirando. 
De chico la guitarra lo hipnotizó, algunos dicen -él mismo lo ha confirmado- tentado por los fogones de los peones que fueron sus maestros sencillos y hondos que lo contagiaron para siempre de esa serenidad abrumadora de los hombres sabios del campo.


Además de artista universal fue ciudadano del mundo. Así como nació bonaerense fue parisino y supo ser, entre otras cosas, tucumano: su primer encuentro con esa tierra, destino recurrente en su vida y en su canto, fue a los diez años de edad, en uno de los viajes de vacaciones en que su padre llevaba a la familia en tren, aprovechando que no tenía que pagar pasaje porque era empleado ferroviario.
Ahí, en una estadía de dos meses, la zamba lo enamoró para siempre.



Su relación con la música tiene dos episodios significativos en su infancia.
A los siete años sus padres lo mandaron a estudiar violín con un cura que le enseñó música hasta que lo trasladaron a otro pueblo.
Ante la ausencia de profesor, llegó el momento de conocer a Bautista Almirón. El concertista de guitarra, amigo de la familia, vivía en Junín, a unos 20 kilómetros de distancia de Estación Roca, donde vivía Atahualpa. Muy al estilo del campo, sin dinero de por medio se acordó que dos de los hijos del músico vivieran con los Chavero, y que el pequeño Héctor Roberto se alojara en la casa del guitarrista para aprender a tocar a cambio de cuidarle un rosal.


Tras la muerte de su padre en 1921, tuvo que trabajar para ayudar a su familia. Fue hachero, arriero, mandadero, cargador de carbón, entregador de telegramas, oficial de escribanía, corrector de pruebas y periodista, haciendo notas sociales, sobre casamientos o velorios principalmente. 
En pocos años tuvo dos incursiones a la Capital. La primera en 1923, a partir de la gestión de un colega del diario Crítica: él y otros cantores llenaban el espacio vacío de la transmisión radial  a la espera de información acerca de "la pelea del siglo" Firpo-Dempsey. La segunda, en 1926, se lo tomó más en serio ya que lo acompañaba además de su guitarra, una pequeña valija y algo de plata. Antes de ser reconocido como artista. Para hacer audiciones en bares, bibliotecas y escuelas, colaboró con algunos reportajes en un modesto periódico pero también debió trabajar como peón de panadería.



El sueño se fue diluyendo. Él era de otro mundo, más sencillo y más profundo. La sangre le dijo que no era por ahí, que el trecho largo acaso le llenaría las alforjas de canciones que en el ruido de las grandes ciudades pasan inadvertidas. En 1926, en ese trance, nace "Camino del Indio". 




Lo que vino después tuvo que ver con un viaje. Por Jujuy, Bolivia y los Valles Calchaquíes pero también por su interior. Siete años después recorrió Entre Ríos, afincándose un tiempo en Tala donde fue maestro de escuela y fundó el diario local "La Voz de Tala". 
Por esos días participó de la histórica gesta de los hermanos Kennedy, aquel frustrado intento por defender la democracia contra el golpe de Estado que había derrocado a Hipólito Yrigoyen en 1930. Por eso debió exiliarse en Uruguay: pasó por Montevideo, después anduvo por el interior oriental y, más tarde, el sur de Brasil.



En 1934 volvió a Argentina a partir de una amnistía que le permitió instalarse en Rosario, contratado por LT1 Radio del Litoral donde tuvo una temporada exitosa junto al entrerriano Ángel Cardino. También trabajó para el diario "El Popular", donde escribió notas de viaje, crónicas de campo, narraba sucedidos y paría sonetos. Ahí le toco nada menos que escribir sobre la muerte del hombre que le enseñó a querer la guitarra: Bautista Almirón, radicado en el sur santafesino desde los años en que debió suspender las clases particulares del pequeño alumno por aquella mudanza.




  
Entre 1935 y 1936, vivió en Raco, Tucumán, y de allí fue a Buenos Aires para actuar en radios menores donde, después de algunas presentaciones, fue invitado a la inauguración de Radio El Mundo.
Realizó sus primeras grabacionces en el sello Odeón -dos discos de 78 rpm- para la agrupación tradicionalista "El Mangruyo", de Rosario. Ahí nació su amistad con el poeta uruguayo Romildo Risso, líder de aquel colectivo artístico y autor de la letra de "Los ejes de mi carreta".
En 1938, estando en Mendoza, Atahualpa Yupanqui es premiado en el concurso literario de la Entidad de Bellas Artes de Tucumán con "Canción de la zafra", y con el dinero del premio viaja a Chile.  
Se edita "Piedra sola", su primer libro, y graba en Odeón Argentina y en Víctor.
Entonces recorre Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, Salta, Jujuy, el Altiplano, yendo detrás de las huellas de las culturas aborígenes.
Por aquellos años volvió a los Valles Calchaquíes, recorrió a lomo de mula los senderos jujeños y residió por un tiempo en Cochangasta, La Rioja.



A principios de la década del '40, en Tucumán se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en una peña a Antonieta Paula Pépin Fitzpatrick, "Nenette", quien sería su compañera definitiva y colaboradora musical con el seudónimo "Pablo Del Cerro".
En 1944, durante otro viaje por las provincias del noroeste creó "El Arriero".



Afiliado al Partido Comunista (PC) en 1945, entre 1946 y1949 sufrió persecuciones, proscripción y cárcel. A ese periodo pertenecen los libros "Cerro Bayo", "Aires Indios" y "Tierra que anda". En 1950 se fue a Uruguay y desde allí a Europa. En París, Edith Piaf lo apadrinó y nació así su carrera internacional. 
Cuando volvió a Buenos Aires, en 1952,  por sus críticas al comunismo fue expulsado del partido. Pero ya consagrado en Europa, las puertas de las radios se abrieron. Actuó hasta tres veces por semana en Radio Splendid pero pese a las simultáneas contrataciones y a la difusión de su arte, nunca se sintió cómodo. En 1956, derrocado el peronismo, con los militares volvieron las dificultades y Cerro Colorado se empezó a volver cada vez más su refugio. Que fuera en lo profundo de su país o en cualquier rincón lejano del mundo. el exilio era inminente.



En 1963 emprendió una serie de viajes a Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. El tiempo que pasaba en Argentina se dividía entre la Capital Federal -por compromisos comerciales- y Cerro Colorado -la mayor parte del tiempo.  
Por entonces, en varias entregas la revista "Folklore" publicó su autobiografía "El Canto del Viento", editada como libro en 1965. Y ese año, por si fuera poco, aparecería el disco "El Payador Perseguido".



En 1967, el golpe de Estado a Arturo Illia implicó una dolorosa invitación a irse del país. Yupanqui volvió a Europa para recorrer toda España en una exitosa gira de 1968, para luego instalarse casi definitivamente en París, con intermitentes regresos. 
Con el advenimiento en 1976 de la dictadura militar sus visitas se fueron extinguiendo hasta que recién en 1979 volvió a presentarse en Argentina. 
Pero sus actuaciones en Europa comenzaron a espaciarse a causa de algunos trastornos de salud. En 1986, Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.
Ha escrito más de 1300 composiciones, entre poemas y canciones, y diez libros.
En 1987 volvió a Argentina para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán.



En 1989 creó la "Fundación Yupanqui", en su casa de Cerro Colorado, con sus libros, los puñales de su abuelo, ponchos, aperos, regalos que le dio la gente en sus giras por el mundo.
Y ese mismo año debió internarse en Buenos Aires para superar una dolencia cardíaca. Pese a ello, en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín.
El 14 de noviembre murió Nenette, y a los pocos días Yupanqui cumplió un compromiso artístico en París. 
En Diciembre de 1991 se presentó en Buenos Aires, en el que sería su último concierto ofrecido en la Argentina.
En 1992 volvió a Francia para actuar en Nimes. Allá murió el 23 de mayo, a los 83 años de edad. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y sus cenizas esparcidas debajo de un roble que él mismo plantó en Cerro Colorado.



Fuentes: "El Canto del Viento" (Autobiografía) ///  Biografía oficial de la Fundación Atahualpa Yupanqui /// Juan Carlos Zamateo en "Biografías del folclore argentino" /// Emilio Pedro Portorrico "Diccionario Biográfico de la Música Popular de Raíz Folklórica" 

domingo, 13 de mayo de 2012

QUEREMOS PREGUNTAR (TODO)

La curiosidad, que no tiene color predeterminado, es el motor de nuestro oficio. Cuando este domingo Jorge Lanata hizo uso de una noble e inolvidable idea de Tato Bores pero con fines muy distintos, la sensación fue similar a la que me provocan los que trafican con la fe. El montaje de su propio 876 -un espejo del programa ultraoficialista de la TV Pública que desprestigió hasta el hartazgo- a través de un coro de trabajadores de medios hasta entonces dispersos, reunidos para la ocasión, no hizo más que confirmar lo que uno ya suponía: las dos caras de una moneda están hechas de lo mismo. 




La pulseada tiene sentido hasta que el odio opera inescrupuloso y supone, hacia ambos lados, que todos miramos por sus ojos de verdades absolutas a las que no les entra una bala. 
El paso de la crítica al ataque es el límite. Y el desequilibrio puede resumirse en esta toma de rehenes (de opinión) en una somera reflexión: EL PERIODISMO ES LO QUE QUEDA DENTRO DE ESE PARÉNTESIS ENTRE LA ANIMOSIDAD LANATIANA Y LA CONDESCENDENCIA VICTORHUGUIANA.




Me pareció pertinente, de alguna manera, esto otro que dice Eduardo Galeano con su voz siempre universal, sutil y contundente, en “Puntos de vista”.





viernes, 11 de mayo de 2012

HIPNO NACIONAL (VERSIÓN DÉCADA DEL ’90)



Hoy postales del rito mercado
“¡Liberal, liberal, liberal!”
Hoy el ruín nos derrota y condena,
vende todo al doble, igual da.
Y a su trono vilísimo ardieron  
las provincias sumidas del Sud.
Y los libros del mundo suponen
del gran pueblo argentino su alud.
¿Serán eternos “los gardeles”
que supimos perseguir?
Colorados de fobia vivamos
o juremos con dólar morir.

martes, 8 de mayo de 2012

VETERANOS



No es mentira lo del antiguo hormigueo
(de cuando el referí pitaba convocante
y yo me subía las medias adolescentes
rumbo a la cancha enneblinada
de las nueve de la madrugada
de otro domingo sin gente).
También es cierto 
que la alfombra que imita al yuyo 
hace interferencias en la encomendación 
al dios del potrero.
Pero, ¿dónde se ha visto
que los artificios 
de la razón ahoguen la fe de los vestuarios?  
¿Acaso las canas o la calvicie, la panza,
las esposas y los hijos, los deberes, los horarios
son motivos suficientes para atentar 
contra la resurrección del picado?
El fundamentalismo eterno
de los jugadores frustrados
no teme siquiera
a esa ambigua percepción del fútbol 5
que aturde en el ámbito de los galpones remozados:
mientras otros ven hombres en cámara lenta
los pibes de siempre seguimos pateando
el bollo de papel en en el patio de la escuela.
Es que miran desde afuera, 
atrás de los rombos de alambre
que, se sabe, 
tergiversan.

sábado, 5 de mayo de 2012

SAN LUIS: PASEN Y VEAN (CALLES DE ROSARIO)



Más de cien colectivos por hora con dos miniterminales en pleno centro; un promedio de ocho puestos de ventas ambulantes por cuadra; trescientos metros de comercios mayoristas con carga y descarga de 8 mil bultos diarios. El estudio de implementar corredores exclusivos para el servicio público de transporte en calle San Luis hizo estallar apresuradamente a un grupo de comerciantes y desnudó la real dimensión del descontrol cotidiano que impera en  el popular paseo de compras a cielo abierto en el corazón de Rosario.

Escribe: Joaquín Castellanos
Fotos: Leonardo Vincenti

Es otro mundo. San Luis está a dos calles de la peatonal Córdoba pero tiene su propio microclima. Pintoresca y popular, con su estética deslucida que aturde, transcurre como una cenicienta que lejos de sufrir, revienta de vida comercial.  
La atraviesan más de quince líneas urbanas e interurbanas con afluentes de hasta cien servicios de transporte de pasajeros por hora. Las dársenas de las miniterminales de las plazas Sarmiento y Montenegro –separadas por doscientos cincuenta metros de distancia- están siempre llenas de gente y colectivos.




Resignados, los taxis son animales de costumbre: si van ocupados andan pesadamente buscando un resquicio para escapar; si están libres sobrevuelan furtivos la diestra sin importar quién ni cuántos vienen detrás. Los autos particulares, después del verde del semáforo, arrancan nerviosos y amontonados soñando también con la salida de ese frenético río urbano que arrastra por igual a vehículos y personas. La bocina es la canción favorita.

En el shopping popular a cielo abierto del microcentro, el caos no es patrimonio exclusivo del tránsito vehicular. Autos estacionados, contenedores de basura, kioskos de diarios colmados, atados de cajas de cartón, bolsas negras de la basura.








Desde la cortada Baron de Mahuá hacia el Oeste, el libre mercado abruma. Hay más de diez puestos de ventas ambulantes por cuadra, y los transeúntes andan entre percheros, exhibidores y mostradores que ocupan buena parte de las baldosas. Artículos de bazar, ojotas, celulares, lentes, camisetas de fútbol, títeres, calzados, aspirinas.










En la vereda, debajo de sombrillas y lonas desmontables se ofrecen mates calados, ungüentos, pilas, medias, bombillas, magiclicks, linternas, destapadores, bebidas gaseosas, cartas españolas, churros, hilos de coser, garrapiñadas y hasta una cobertura de servicios médicos y sociales. Gitanas, canasteros, promotoras y mozos se mezclan con los que van mirando las vidrieras.





Pero no sólo la calle y la acera están desbordadas: los locales también irradian amontonamiento de mercadería y gente, y no son menos variopintos. Un supermercado, una casa de cotillón, tiendas (muchas tiendas), algún sitio de repuestos informáticos. Una ferretería que vende desde clavos y tornillos hasta un telescopio. Una disquería que esputa un reggaetón. Un “Todo por $2” que hace rato que no vende nada a dos pesos.


Desde Corrientes y hacia Italia es el territorio de los históricos comercios mayoristas donde predomina el rubro textil. Antiguamente, una repetición rabiosa de tiendas, mercerías y casas de confecciones a las que se fueron agregando jugueterías, casas de quiniela, bares, un banco, perfumerías, alguna inmobiliaria, edificios de oficinas.
La calma, pese al perfil polirrubro, no se consigue en ningún negocio del lugar.

ESENCIAL


Es como si ahora la escalera se terminara
y en tres pasos de pallier abro la puerta.
La mesa plegable era algún libro y un cuaderno,
un naufragio feliz hasta que la madrugada 
se deshacía en la puñalada de un bostezo.
En el sueño familiar yo vomitaba párrafos,
salía a caminar por los planetas y los vientos.
Sufría por amor como quien sale 
a hacer los mandados o va al colegio.

Entonces el barrio amanecía 
bombardeado por los trinos de los pájaros
más entusiastas y pobres del universo.
En el silencio se recortaba 
la primera voz lejana de un perro
y el arranque de la heladera. 
Tiene algo, a la distancia, de burbuja,
la cocina de la casa de mis viejos.

Por la niebla de la vida
el retrovisor está empañado 
pero me veo.
Estoy huyendo de mí 
conmigo a cuestas 
como en sueños.
Me pasa siempre 
que voy de visita 
a mi esencia:
me veo yendo y viniendo. 
Como un reloj con poca pila
que obstinado  
sigue latiendo.

martes, 1 de mayo de 2012

DOMADOR DE IDEAS


Foto: Ana Armendariz DNI 



El prestigioso Ronald Shakespear, pionero del diseño en Argentina y reconocido mundialmente, visitó su ciudad natal con la excusa de charlar sobre sus cincuenta años en el oficio y su último libro Señal de Diseño, Memoria de la Práctica (Paidós). Más de 600 personas, en su mayoría estudiantes, asistieron a su particular conferencia en el Parque de España: una clase magistral de filosofía, comunicación, poesía, experiencia y humildad. Un eficiente atentado contra la teoría abstracta. El Concejo municipal lo nombró “Diseñador Distinguido”. 


Escribe: Joaquín Castellanos

Podrían habérselo confundido con un señor cualquiera que paseaba por la costanera. Con un profesor universitario que huyó del claustro. Con un tipo del montón que se metió en aquel recinto donde iba a haber una charla sobre diseño porque le interesa el asunto.
Por eso es lo que es. Porque, además, Ronald Shakespear es el padre de miles de imágenes urbanas que de tan cotidianas pasan casi inadvertidas: la manito amarilla de las paradas de taxis y los carteles que indican las líneas de colectivos y sus recorridos; la identidad visual del Banco Galicia, Boca Juniors, Luigi Bosca, entre más de 1600 marcas entre las que se incluyen la nueva identificación del Banco Municipal de Rosario y del shopping del parque Scalabrini Ortiz.
Pese a ser reconocido y respetado internacionalmente, multipremiado con las principales distinciones del ámbito del diseño mundial, Shakespear es en sintonía con su obra un hombre sencillo y  profundo.
Nació en nuestra ciudad en 1941, y a los cuatro años de edad inició su “exilio”, como llama él mismo a esa mudanza de la familia a la Capital federal que lo terminaría por convertir en un porteño que nació en Rosario.
Mucho tiempo después, ensayó un reencuentro formal con sus orígenes. En ese contexto, su protagonista vertió algunos conceptos acerca de su vida y obra. Reflexiones de alcance universal que felizmente exceden su área para ser aplicadas en todos los ámbitos.

REGRESAR ES VOLVER A NACER
Foto: Centro Cultural Parque de España Rosario
“Yo dejé Rosario cuando aún era un niño.  Rebelde por cierto.  Mis padres me trajeron a Buenos Aires y nunca terminé mi secundaria. No aprobé ni geometría ni inglés. Medio burro, el muchacho –dice socarronamente el diseñador.
_ ¿Qué cosas lo unen a Rosario?
_ A veces regreso a mi ciudad natal, siempre con la alegría de volver a nacer. Allí nos comimos un pejerrey con (Gerardo) “el Tata” Martino y mi amigo Hermes Binner a la orilla del Paraná –explica Shakespear, días después en un correo electrónico.
            La ráfaga de melancolía por estos pagos incluyó una camiseta de su Newell’s Old Boys autografiada por el DT leproso, poco antes de ser nombrado por el Concejo municipal como "diseñador distinguido", en reconocimiento a su trayectoria profesional y a sus destacados aportes al diseño. Y hasta guardó un lugar para desandar sus pasos primeros.
“Pude visitar -a las corridas- mi vieja casa en Alberdi. No pude ver a Bucéfalo, el caballo de mi padre que llevábamos a bañar al río. Una pena”, dice.
Además de ofrecer la conferencia, ¿cómo fue su estadía en la ciudad? ¿Qué rincones, personas o situaciones le ocuparon el tiempo?
_ Pasé por el Coloso Marcelo Bielsa como una melancolía y por supuesto me invitaron a la Mesa de los Galanes. Curiosamente nunca nos encontramos con el Negro Fontanarrosa. Y lo lamento en el alma. El Negro era canaya pero para para mí - un leproso en el exilio- esa es una circunstancia sin mucho valor. Cuando gana Central, yo festejo como hubiese ganado la Lepra. Espero que vuelvan pronto porque extraño el clásico... Estuve la mayoría del tiempo en el Parque España que dirige mi amigo Martín Prieto. Es una obra magnífica que ilumina Rosario.

LO QUE CREA EMOCIÓN
Foto: Centro Cultural Parque de España Rosario


_ Se lo notó muy conmovido al recibir el reconocimiento del Concejo municipal como Diseñador Distinguido. ¿Llegó en un momento especial de su vida profesional y personal?
_ Imaginesé. Tengo setenta (años) recién llegados y estas cosas llegan al corazón. Cuando la consejala Clarita García me entregó la distinción, creí tocar el cielo con las manos. Nunca me han importado demasiado los premios pero este reconocimiento viene de mi gente, de mi ciudad natal.
No es un dato menor, viniendo de quien, por ejemplo, en 2008 recibió en EEUU el Segd Fellow Award, premio que se entrega cada año a aquellos diseñadores que han contribuido al mejoramiento del entorno urbano, otorgado en esa ocasión por primera vez a un latinoamericano.
_ ¿Quién es Ronald Shakespear más allá de lo que cuentan los datos de público conocimiento acerca de su trayectoria, los logros profesionales y los premios obtenidos?
_ Yo vengo del interior de mi país. Eso me ha marcado a fuego en mi vida. Papá y Mamá también fueron rosarinos. Cuando dimos la vuelta olímpica en la bombonera, los diarios capitalinos dijeron "Perdió Boca". Eso pinta bien que piensan por acá acerca del interior. La energía y el talento son importantes pero el resentimiento suele ser un motor fundamental para la vida. Fue mi padre quien me dijo que el diseño era lo mío. Yo no creo mucho en el determinismo biológico. Una persona con aptitudes normales puede aprender cualquier cosa.
No terminé mi escuela secundaria, pero tuve en compensación cinco maestros ejemplares. Rómulo Macció, Juan Carlos Distéfano, Armin Hofmann, Alan Fletcher y Jorge Frascara. Ellos hicieron lo que pudieron. Todo lo demás se debe a mis carencias y mi falta de rigor. Frascara me dijo hace cuarenta años que mi oficio valía la pena, estuvo siempre cerca y cruzamos juntos medio Canadá dando conferencias, como los cómicos de la legua.

APRENDER A APRENDER
_ Usted es un autodidacta confeso pero también practicó la docencia universitaria, ¿qué piensa de la educación formal y de la informal?
_ Me crié en el asfalto. No recorrí los claustros en mi juventud. Cuando me honraron con mi Cátedra en la Universidad de Buenos Aires, tuve que llenar unas planillas de antecedentes, por cierto. Las mías fueron en blanco. Suelo decir, simplemente, "estoy vivo, aún". Debería bastar,no?... La UBA fué y es un vergel. Me escribo siempre con mis ex alumnos. Me conforta saber que les va bien, que trabajan y aman el diseño. Ha sido mi mejor premio.
Pero, más allá de los aprendizajes formales o informales, sin quitarle mérito al talento, la lección que da el esfuerzo es acaso el pilar de su éxito y así lo señala.
“Dorita, mi mamá -que falleció a los 99- creía que cuando se encendía la luna, yo prendía mi pipa y entonces -entre el humo- aparecían las hadas desnudas y entonces surgía la creatividad. Confieso que jamás he visto un hada y menos desnuda. Además yo no creo en eso de la creatividad. Un eufemismo dialéctico y antidemocrático que establece que algunas personas están dotadas de poderes mágicos discriminando a los demás mortales. Mucha gente acuña estas fantasías para explicar lo que les resulta inexplicable. El diseño es una actividad científica que permite resolver problemas humanos ante una necesidad cierta. Puro trabajo”, sentencia.
           
EL DISEÑO, LOS JÓVENES Y LOS LIBROS
Foto: Sebastián Granata
Crítico acérrimo de la televisión, a Shakespear se lo oyó en el Centro Cultural Parque de España agradecer a la lectura y a las bibliotecas, donde descubrió a “Roberto Arlt, Borges, Rodolfo Walsh, Oscar Wilde, Thomas Mann y Macedonio Fernández” a falta del rigor del sistema educativo formal con el que no se llevó muy bien. Y demostró su preocupación por la falta de lectura que evidencian las nuevas generaciones en sus trabajos, especialmente en relación al diseño.
"La mayoría de los jóvenes de hoy leen poco y nada, y la chatarra visual que observamos en las calles se debe fundamentalmente a que muchos diseñadores privilegian la computadora sobre el libro. Los que piensan que la máquina diseña sola olvidan que la luz en Rembrandt, la palabra en García Márquez y el montaje en Orson Welles son infinitamente más importantes que la tecnología digital."
A propósito, Shakespear concluyó su charla en el auditorio Príncipe de Asturias dirigiéndose a los jóvenes: "no quiero irme de Rosario sin recalcar algunas cosas. No tengan miedo, ni al presente ni al futuro, porque les pueden robar todo menos el talento. Y lean. Lean en el desayuno, y después del desayuno vuelvan a leer, y a la tarde revisen lo leído, y a la noche, analicen aquello que leyeron. No hay alternativa de escape ni atajo ninguno. La televisión destruye el cuadro de la inteligencia. Sálganse de la caja boba y métanse en el libro”, recomendó.
 En el diálogo que mantuvo con Rosario Express, el diseñador rosarino se ocupó de reforzar ciertas ideas que emergen de su experiencia y que son la columna vertebral de su último libro.  
“Mucha gente cree que el diseño es una suerte de estética industrial para decorar la vida. Mi misión ha sido explicar qué es y para qué sirve el diseño. Y por cierto, dónde hay diseño. Todo el mundo diseña: el cocinero que prepara el menú. Diseña la maestra rural cuando organiza el día de clase y diseña el músico cuando compone la partitura”, señala Shakespear.
Hago diseño desde hace medio siglo. No tengo una teoría del diseño. He acuñado a duras penas una teoría de la práctica. Pienso que la "oreja grande" es imprescindible para escuchar a la gente, sus desvelos, sus sueños”, sintetiza.
Y, como no podía ser de otra manera, es muy gráfico al exponer una anécdota esclarecedora que pulsea con mucha biblioteca especializada. Y gana.

ESCUCHAR A LA GENTE
“Yo tenía un cadete que se llamaba el Checho Morcillo. Era el cadete del estudio pero era un semiólogo en potencia. Y él me decía Roland –por Ronald- yo me tomo el sucteEso fue lo más importante que hicimos con el subte, después diseñamos toda la señalización, la marca, el rebranding. Pero lo más importante de todo fue el rescate de la voz popular. La gente establece lazos afectivos con los íconos. La compañía que manejaba el subte desde 1911 institucionalmente lo llamaba Subterráneo de Buenos Aires, así, larguísimo. Y la gente sencilla siempre dijo me tomo el subte.
“En Londres se llama The Tube (el tubo), en París le dicen Metro, ¿porqué no se podía llamar así si siempre fue eso para todos? Está acuñado, es marca, está instalado en el imaginario… No hicimos nada: sólo rescatamos el decir de la gente”.
El del Subte es seguramente el trabajo de su estudio más publicado en el mundo y recientemente ha sido distinguido por ICSID (International Council  Society of Industrial Design) como uno de los proyectos más exitosos de Design Capitals of the World.
“Los intangibles hacen la diferencia –explica Shakespear, con vehemencia-,  son las cosas que dicen las personas todos los días. Contruyen y construyen, imagen e identidad. Debemos escuchar a la gente”, insiste, y reflexiona: “el diseño es para ellos; o el diseño sirve para que la gente viva mejor, o no sirve para nada.


PERFIL
Marca registrada
Ronald Shakespear (70) es coautor nada menos que de la señalización urbana de la Ciudad de Buenos Aires (con González Ruiz, en 1971), y realizador del cambio de imagen del Subte porteño, el Bioparque Temaikén y el Tren de la Costa, entre tantos otros megaproyectos. 
Además, es el hacedor de uno de los retratos más célebres de Jorge Luis Borges –publicado junto a otras fotos suyas en el libro “Caras y Caritas” (Jorge Alvarez Editor, 1966), hoy parte de colecciones privadas y museos en Suiza, Canadá, EEUU e Italia.
Su web personal (http://www.ronaldshakespear.com) enumera más logros: el afiche que creó para Hamlet, con Alfredo Alcón (1964), fue premiado en México como uno de los cien mejores afiches de la historia en la Bienal del Cartel de Xalapa -puede verse en la Colección del  Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Sus trabajos han sido expuestos en el Centre Georges Pompidou de Paris y en la Triennale Icsid de Milan, entre otros templos del arte mundial.
Pero lo singular de Shakespear es que se forjó a sí mismo en el mundo profesional sin haber terminado siquiera los estudios secundarios, fundó en su Buenos Aires adoptiva el estudio insignia del diseño en Argentina. Sus proyectos fueron publicados por medios de prestigio internacional (Eye Magazine, Abitare, Domus, etc) y fueron multipremiados en todo el mundo (Segd Fellow Award, el Golden Brain y el Konex, entre otros). Además, participó como Jurado internacional del Art Directors Club de New York, del Segd Design Awards (Washington DC), del Poster for the Future (Francia), y más.
Hoy dirige, junto a su hijo Juan, Diseño Shakespear (www.webshakespear.com.ar).
Vive, trabaja y escribe en Buenos Aires.