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EL DÍA QUE MESSI SE RECIBIÓ DE MARADONA

Hacer un gol de apilada, es parte del fútbol y algunos privilegiados lo consiguen en distintos escenarios y circunstancias. Pero si luego de la corrida mágica, el autor del tanto se levanta como empujado por un resorte de gloria y sale corriendo a festejar, y detrás de él se puede ver a los rivales desolados, desparramados en el piso como después de una catásatrofe... eso es ser Maradona. Si algo le faltaba a Messi era esa cuota de épica que todos reconocen en el Diego como un plus indispensable para que, más allá de lo técnico, haya sido quien fue y seguirá siendo para siempre. Y si algo le faltaba al fútbol era que lo que pasa adentro de la cancha superara lejos a todo lo que se teje afuera, a su alrededor. Que el juego real estuviera un momento por encima del circo que lo rodea, lo que los propaladores especializados replican sin límites, irrespetuosos de la pelota. Porque a lo que asistíamos en esta primera semifinal de la Champions entre Barça y el Real era más o menos a lo qu...

ANTIGÜEDAD

En las pupilas se refleja el baile burlón del fuego eterno. Es cierto que son inofensivas, pequeñas réplicas del elemento cadencioso y ardiente, pero para el caso es lo mismo: sirven igual estas ardorosas miniaturas que esta noche lo iluminan. Del ritual es apenas un segundo. El hombre que hasta el momento no evidenciaba ninguna fisura en su comportamiento, nada de embriaguez ni efusividad alguna, de repente –ahí, espejando el fuego en sus ojos– siente que es todos los hombres, que el peso de la humanidad le tira cada vez menos sutilmente los hombros para abajo, que es raro pero real estarse viendo a sí mismo pero para adentro, sin rostro ni señas particulares. Si bien algunas botellas descansan vacías ya en paz en un rincón del patio, lo sabe: esto nada tiene que ver con aquello del alcohol y los festejos. Está, de pronto, quieto en la cornisa del tiempo. Se busca en el fuego minúsculo pero también percibe con el rabo del alma su alrededor paralizado, la algarabía en stand by, la euf...

LA VÍSPERA

El último lunes de noviembre de 2004 fue también la última vez que fui a tomar un café a El Tiempo. Me ubiqué en una mesa más o menos cercana al ingreso por tratarse de la única dispuesta bien debajo de un ventilador. Leía el diario cuando llegaron al bar dos ciegos. Sin demasiada o ninguna complicación se sentaron a la mesa que quedaba desocupada entre la mía y la puerta. Eran dos hombres: uno canoso, de anteojos negros y con un bastón plegable; el otro muy joven y delgado, de rostro y pelo largos, de piel muy blanca. Inicialmente mi atención hacia ellos no fue mayor y apenas si lograron interrumpir brevemente mi lectura. Pero a poco de intentar retomarla noté por primera vez la sensación que me acompañaría luego buena parte de aquella tarde: una inquietud suprema y permanente, una atracción irrefrenable a dirigir la mirada a mis vecinos recién llegados. “Es así, Miguel”, le oí decir al más joven mientras terminaba de acomodarse en la silla, recortado un poco por la figura del otro al...

CHAU 2010

ALGUNAS COSAS POR LAS QUE NO DEBERÍAMOS OLVIDARNOS DEL AÑO QUE PASÓ Fiesta nacional Los Festejos del Bicentenario tiraron abajo todas las teorías, el mentado malestar general, el malhumor permanente del ciudadano y su (mal) supuesto divorcio con la República. De manera silenciosa, primero; destapándose más allá de las cuestionadas crónicas hasta copar los espacios públicos sin temor a que la calle sea una fiesta, LA GENTE fue la protagonista principal. Unos 2 millones de personas por día llenaron las calles porteñas para celebrar la Patria. Además, gran nivel artístico de “Fuerza Bruta” (a la altura de las circunstancias). Sorprendente, admirable y conmovedor: adjetivos poco usuales en los espectáculos que vemos por televisión. Condenados represores Este, por suerte, también será recordado por ser el año del primer juicio a los represores locales de la última dictadura militar. En abril, en una jornada histórica que empezó a poner freno a la impunidad, el Tribunal Oral Federal Nº1 ley...

SASTURAIN, O LA CULTURA INSOLEMNE

El libro y la lectura en tiempos de la revolución de Internet, el bombardeo de noticias, las nuevas tecnologías y el ritmo de vida contemporáneo abordados por Juan Sasturain, de paso por Rosario. Aquí un fragmento de la entrevista con uno de los intelectuales más lúcidos y sencillos que tiene hoy el país, publicada en la revista Rosario Express de enero. — La excesiva pretensión de inmediatez está cada vez más presente en los medios. ¿Cómo vive en el día a día esa situación? — La verdad es que hace tiempo y casi inconcientemente he ido tomando ciertas decisiones que no son nada recomendables, pero que por algo las debo haber ido tomando. Prácticamente no leo los diarios desde hace bastante –lo cual no es ninguna virtud ¿eh?, al contrario–, y casi no veo tele de aire… Creo que son actitudes defensivas para no estar atado a esa inmediatez. Pero, insisto, no es un gesto de superación ni de nada. Es algo casi terapéutico. Hacemos tantas cosas compulsivamente… supongo que como un mecanismo...

LA TENTACIÓN

Sabe que no es lo que se espera de ella. La mujer tiene la mirada perdida y el cuerpo todo ansioso y predispuesto. Se acerca tímida pero decididamente. Camina con la seguridad del cazador furtivo que tiene a la presa en la mira. Ya no hay tiempo ni excusas para dudar para desistir para el arrepentimiento. Sabe que no está bien visto. Tiene el alma embarcada y el corazón incorruptible. Digamos que el placer es su único horizonte. Entonces sin más se brinda entera, se entrega a la pasión, se funde en el deseo mismo. En puntas de pie, sigilosa pero firme, con una mano sutil pero intranquila se cuelga del dulce fruto como un animal desesperado y satisfecho. Como un ala cómplice el otro brazo hace equilibrio con el bolso de red de los mandados bamboleante. Cuando pasa por la morera que está junto a las vías.

RALITISHOU

La primera secuencia arranca desde el fondo. Desde los cinco asientos del fondo, del final del pasillo. Vamos a ponerle unos ocho/nueve segundos: lo que demore el protagonista en subir los tres escalones de la puerta de adelante y se pare detrás del hombre de camisa celeste. Ahí el colectivo vuelve a moverse pero nosotros lo detenemos: que se congele la imagen. Y ponemos ahora la vista desde adelante. Desde abajo de la inscripción de “El Detalle”, bien en el centro del marco superior del amplio parabrisas; ahí, entre los nombres de los hijos del colectivero -Milton y Joana-; encima del dibujo del Cristo de brazos abiertos y túnica inmaculada, cruzada por una banda roja, subrayado por el dato certero que hace saber que se está viajando en el coche treintisiete. Pero, claro, como no hay movimiento por unos segundos, es como si viéramos una foto que tiene en primer plano los ojos del colectivero enfocados hacia arriba y adelante -acordémonos que lo está mirando al otro por el espejo, ah...