miércoles, 25 de abril de 2012

EN BLANCO



Sólo para empezar
es decir, romper el hielo
como un arrancador en celo
anoto para fundar
inicial, comenzador, principiante,
lanzado, proyectado de aquí en más;
ir como yendo, con nada atrás
y todo (imaginado) por delante
Con ánimo trazador, abrecaminos,
hijo lejano del iluso futuro,
lucecita al final
de túnel oscuro,
inaugural,
pereza del destino.

viernes, 20 de abril de 2012

DEVOLVER CON LA FRENTE MARCHITA

Y de tan "ypeefeizados" que andamos por estos días, aún si todo fuera apenas producto de ese imaginario colectivo al que muchos osan referirse despectivamente, no hay nada que hacerle: las sensaciones van para un mismo lado.

El ejercicio consiste en cerrar los ojos y abusar de la voz de este buen vecino que estremece a susurros sobre una pluma de acá. Pruebe, dele vida a un barril de crudo -simbólico, negro, desbordado de esa poesía popular de los cuentos de Soriano y, claro, la lente de Pino Solanas (en esto muy pertinente)- que flota perdido en la inmensidad del Atlántico, bajando heroico hacia tierras sudacas como una carabela descarriada y burlona...
"Llevo el Sur / como un destino del corazón / soy del Sur / como los aires del bandoneón"


domingo, 15 de abril de 2012

HIJA


Revolucionaria, irreverente,
vendrás acaso una noche a tocar el timbre de mi desvelo.
A poblar de incertidumbres mis más firmes decisiones.  
A ametrallarme de presente los recuerdos.
En tu llanto inicial
irá mi corazón como un velero,
andando en la sangre sin rumbo 
adonde me lleven tus caprichos y el viento. 
Me volveré un obstinado animal feliz
ignorante de los inviernos.
Vas a venir ceñida del lomo de una incalculable esperanza.
Tramada en una almohada sin sueño durante tanto tiempo. 
No me va a alcanzar la mirada para asistir ansioso
a tu descubrimiento.
Ante mi estupor, tu humanidad flamante será el grito
que rompa el secreto:
la vida es una luz
inapagable y constante  
que en el espejo sublime nos recorta perfectos
En un mínimo e impreciso rincón
de este recinto inmejorable que es el Universo,
nos miraremos un segundo
como una formalidad del conocernos.
Y naceré en tu ser. Seré en vos un eco.
Ese será 
nuestro encuentro.

jueves, 5 de abril de 2012

EL SUEÑO DE LA CASA AJENA


Escribe: Joaquín Castellanos
Fotos: Techeros Rosarinos

“Mi casa fue un caso bastante especial. En mi familia  había un grado de hacinamiento importante”, cuenta. Es grato escuchar a alguien involucrarse así en la solidaridad hasta apropiarse del contexto en el que trabajó sin otro interés que el de ayudar.
Diego es licenciado en Relaciones Internacionales y además es voluntario. Él, entre una veintena de personas, partió de Rosario a finales de marzo para sumarse a un ejército de constructores que ad honorem levantaron 110 viviendas sociales en suelo bonaerense.
Confiesa que le hubiera gustado no tener que ir tan lejos para dar una mano. Pero, si bien sobra voluntad, para eso faltan todavía algunos detalles.



“Un Techo para mi País busca abrir una sede en Rosario”, rezaban los titulares a comienzos de marzo. El entusiasmo por fin había conseguido meterse en los diarios entre las crónicas policiales, la política escandalosa y otros grises asuntos cotidianos. Pero el desembarco de la prestigiosa ONG está estancado: se necesitan algo más de 800 mil pesos para que la oficina local se inaugure -sólo después de eso se podrán construir unas 60 viviendas iniciales- y pese que ya hubo aportes y compromiso de empresarios locales, se consiguió reunir recién la mitad del presupuesto.
Pero además de los aportes de grandes y pequeñas firmas y la mano de obra voluntaria - en Facebook: Techeros Rosarinos o Para que un techo para mi país venga a Rosario-, todos pueden ayudar a través de tarjeta de crédito o débito con aportes mensuales desde 30 pesos en la página web de la ONG.


El Techo –como llaman cariñosa y resumidamente quienes ya establecieron algún vínculo irreversible con la ONG- trabaja en Argentina activamente desde 2009, con base en Buenos Aires, Córdoba, Neuquén, Misiones y Salta. Pero además tiene una fuerte presencia en Latinoamérica, ya que opera en 19 países. Según informa su sitio web ya han trabajado “junto a más de 3 mil familias y 36 mil voluntarios” en la construcción de 2600 viviendas”.


Son viviendas de emergencia, hechas íntegramente de madera, de un ambiente de 6 por 3 metros, sin divisiones, que se levanta en el terreno que ocupa la casilla de los beneficiario o a su alrededor.
            “Es una forma muy práctica de dar una solución para quien puede pasar de un cúmulo de chapas y cartones a una casa de con piso sobre pilotes y techo con aislante”, reflexiona Andrés, un treintañero que conoció a la ONG cuando estudiaba en Chile y fue sorprendido por el terremoto en 2010.
En sólo dos días, una horda solidaria invade barrios precarios para demostrar que si realmente se quiere, se puede conseguir algo que muchas veces tarda años en apenas abordarse y no siempre se concreta.
“Es una experiencia increíble. Autoconstructiva. Algo que te invita a seguir apoyando como sea”, confiesan.

El sábado 24 y el domingo 25 de marzo de 2012, alrededor de 1500 personas con ganas de ayudar, coordinados por Un Techo para mi País, se distribuyeron en unos siete barrios de Pilar y de Escobar (provincia de Buenos Aires) para contribuir con la mejora habitacional de más de 100 familias.
            “Si no se construye en Rosario, iremos adonde sí se hagan las construcciones”, se prometieron 22 de los voluntarios autoconvocados ante la demorada posibilidad del desembarco de la ONG.
            Habían sido apenas un disperso puñado de inquietudes a mediados de 2011. Diez meses después, motorizados por la ansiedad pero más que nada por las necesidades de muchos rosarinos, crecieron en número y en interés por conocer para cuándo “el Techo” por fin dejaría de ser un ferviente deseo.


Antes de anunciar la posibilidad de la llegada a Rosario, se realizó un
“desarrollo de fondo” acerca de varias ciudades del interior del país que están bajo la lupa del proyecto.
De la mano de parroquias, comedores, agrupaciones políticas y cualquier tipo de organización con presencia en los barrios más humildes se realizó un abordaje real del tema viviendas y su contexto. Se recorrieron unos 30 asentamientos que, si bien no son todos los que hay en la ciudad -84 asentamientos, en 385 hectáreas, con 25.218 techos, según el Servicio Público de la Vivienda (SPV)- sirvieron como muestra para tener una idea de la dimensión de la urgencia de intervención.
“Lo que me sorprendió es lo evidente que es la pobreza y la precariedad en la ciudad porque no hay que ir muy lejos para encontrarse con un asentamiento; saliendo de Oroño, Pellegrini y el río, ya empezás a encontrar barrios precarios más chicos, y a medida que te acercás a Circunvalación, ves asentamientos más conformados”, contó Diego Firpo, respodnsable de Desarrollos Locales de Un Techo para mi País.
 “Además noté muchas casillas ubicados en lugares peligrosos como ser una proximidad increíble a las vías del tren o sobre un arroyo o el río”, agregó.
           
“No quisimos hacer ninguna convocatoria para no generar falsas expectativas hasta tener la certeza de poder empezar a trabajar en Rosario –señalaron desde la ONG-; pero nos encontramos con un grupo de jóvenes que se han autoconvocado y que se fueron acercando a otros chicos que ya habían participado en experiencias previas en Buenos Aires y en Córdoba”.
            El grupo tiene alrededor de 100 personas que participa de las novedades de Facebook, principalmente –bajo el nombre de Techeros Rosarinos o Para que un techo para mi país venga a Rosario-; aunque existe un núcleo que participa más activamente de alrededor de 20 personas. La mayoría son estudiantes universitarios que residen en la ciudad pero son oriundos de distintos pueblos de la provincia.


“El voluntariado define una manera de vivir. Una mirada de la vida y de tomar las cosas y creer que se puede cambiar”, sostienen.
Familias numerosas que duermen todos en una cama de dos plazas, madres solteras como jefes de familia, adolescentes que crían a sus hermanos menores como hijos porque la mamá trabaja, recién nacidos en casillas muy precarias sin piso, chapa, cartón y algún de ladrillos. Nada de estadísticas, la pura realidad.
“Al volver (de la construcción) me quedaron las sensaciones mezcladas. Vivimos cosas muy duras y llegamos cansadísimos, pero a la vez, en medio de la madrugada me puse a descargar las fotos que saqué pensando en lo que le iba a contar a todos al otro día”, sintetiza Vanesa, oriunda de Acebal, estudiante de  Ingeniería en Rosario y ahora, para siempre –dice- voluntaria.
No hay vuelta atrás. Algo que resulta lógico: después de haber vivido la experiencia de hacer una casa en dos días para que una familia viva dignamente, ¿cómo se hace para mezclarse en la tropilla cotidiana de la indiferencia?


De acuerdo a un comunicado oficial, el costo total de construir 120 viviendas en marzo de 2012 fue de $834.752. Esto incluye el costo de los materiales (panelería, pilotes e insumos), logística de materiales y herramientas; el transporte de los voluntarios, la alimentación para los 2 días de construcción y los seguros de accidentes personales para cada participante.
En tanto, en algunos casos, varios de los materiales de la construcción son donaciones de empresas como Ternium Siderar (chapas); Isover (lana de vidrio); Colorín (pintura) y Acindar (clavos), entre otros.


“Una le quiere hacer casas a todo el mundo, quiere mejorar la vida de todos pero hay que empezar por lo inmediato. Pero te das cuenta que en sí la casa es una gran excusa. Es el comienzo de un trabajo más grande, es  empezar a crear una comunidad barrial para que todos los vecinos se involucren y que formen puentes. Nosotros somos una herramienta”, reflexiona Ariadna, coordinadora del grupo y participante de varias construcciones.
Tiene 26 años y hace 4 que es parte de la ONG. Es maestra pero no ejerce y estudia diseño gráfico además de trabajar como secretaria.
Escuchó a sus compañeros que debutaron en la reciente experiencia y a la par de los relatos no pudo evitar lagrimear.
“Lo que pasa es que este fin de semana fue como ver los resultados de tanto esfuerzo. Del contagio, el entusiasmo. La emoción es porque los escucho y… no me quiero imaginar lo que me generará el día que se construya en Rosario”, dice tratando de contener sin éxito la emoción.

“Para abrir una sede tiene que haber tres bases: una es el voluntariado, otra es la parte financiera y la tercera es la necesidad”, señalan los voluntario locales.
“Nosotros cumplimos los requisitos pero falta buena parte de uno: no hay todavía compromiso desde el sector empresarial para obtener los aportes correspondientes para empezar a trabajar”, afirman.
Existen dos importantes aportes de Rosental y Asociados y de la Compañía Aseguradora La Segunda pero hace falta más. Tanto voluntarios como representantes de la ONG y hasta las firmas ya comprometidas con el proyecto participan de la persuasión de empresas para acompañar la iniciativa. Pero por ahora el trámite parece estancado.
Desde el área de comunicación institucional de Rosental sostienen que la instancia no es sencilla dado que en cuanto a lo que significa Responsabilidad Social Empresaria cada dueño maneja sus propios conceptos y tiempos. 
 “Vemos buenas perspectivas y buen futuro, el tema es que hay empresarios en los quetiene todavía que madurar la idea”, explican.
           
Con 29 años de edad, Nicolás es ingeniero civil. Reconoce que nunca participó antes de ninguna ONG porque no había encontrado una que integrara todas sus inquietudes. Hasta que dio con Un Techo para mi País. Ahora, para que se complete su esperanza de cambiar las cosas sin más intermediarios que los voluntarios, solo le queda esperar la apertura de la sede local de la organización. 
Una situación que acaso muchos vean como algo que todavía puede esperar si el motivo de la prisa fuera apenas la ansiedad de los interesados en ayudar, cuando en realidad, el motor real de ese deseo no es otro que la necesidad de los que no tienen un techo digno.  


(Parte de este post fue publicado en el número 90 de la revista Rosario Expresscorrespondiente a abril de 2012)

domingo, 1 de abril de 2012

ALFONSÍN SUEÑA CON LA MUERTE

(abril de 2009)




Por Joaquín Castellanos

Cuando el cansancio es tan hondo, no se sabe si es de noche o es de día. Por eso, aunque existiese la inquietud, al hombre ya no le importará demasiado si es el gobierno del sol o el imperio de la luna. La puerta y la ventana estarán cerradas. Apenas le alcanzará con guardarse en la memoria el íntimo e inmediato paisaje sin tiempo que rodea su cama.
A la clausura de los párpados la sucederá una revoloteante idea:
“Murió Alfonsín, el hombre de la democracia”, empezará a soñar que titulan los diarios, echando a andar por fin su biografía contenida en las gateras.
Así podrá ver cómo, con el tierno zarpazo de la muerte de por medio, la argentina mirada se compadecerá una vez más de sí misma para ceder ante el reconocimiento en el justo momento en que la pérdida sea ya irreparable.



Raúl Ricardo Alfonsín se sabrá de a poco lamentado auténticamente, apropiado por las circunstancias, invadido por los obsecuentes, abordado por una justicia tan lerda como inevitable.
De pronto, todo pasará tan rápido (porque los sueños no saben pasar despacio): la congoja nacional en procesión, el anuncio oficial de tres días de duelo, las banderas a media asta, un cortejo con granaderos que lo acompañen hasta el Congreso para un último adiós popular. Porque en un descuido, estará soñando con una imposible multitud. Imaginará a columnas de hombres y mujeres enarbolando su fotografía, boinas blancas y banderas partidarias; señoras llorando sin consuelo y señores conteniéndose en una mueca fiera que siempre es peor que el más rotundo llanto. Soñará que su deceso es el acto político más genuino y convocante de los últimos tiempos.



Sentirá orgullo de que en la calle no quepa un alfiler, aunque su posición no sea la mejor para contemplar el espectáculo. Lo habrán colocado en un féretro postamente ornamentado para la transmisión en vivo de su cuerpo muerto, con el correspondiente besamanos póstumo e interminable que aceptará por igual al sentido tipo que lo respetó y admiró en vida, como al puteador profesional que festejó los trece paros que le obsequió la CGT en los ochenta. Es decir, el pueblo en absoluta democracia.    
“Sin distinción de banderas, todo el arco político nacional se ha unido para despedir a un líder de todos”, le parecerá escuchar que dicen en un noticiero que ya no hablará del dengue ni de nada. Y, efectivamente, podrá observar desde afuera de la escena (como en todo sueño) cómo uno a uno se persignarán o le darán una tardía e inútil caricia al pasar junto a su cadáver vestido otra vez de Presidente.


Ahí también estará la democracia, como un estigma que lo seguirá hasta el más allá: ante la solemnidad que ofrece el final de una vida, desfilarán ecuánimes los impulsores de su llegada al poder y los responsables del Golpe (financiero) de Estado que lo derrocó, enjugados juntos con un mismo gran pañuelo con los colores de la bandera argentina.




“Ha sido un hombre que nos enseñó a todos el verdadero sentido de la libertad, de la convicción, de los ideales. La política como debería ser”, susurrará sin sonrojarse un dirigente de la otra vereda.
“Yo no sé si somos un país de estúpidos o de hipócritas”, le parecerá oír que comenta un conductor cualquiera que escucha hablar sobre la muerte de Alfonsín en la radio de su auto en el intervalo de cualquier semáforo del país.
“Con sus aciertos y con sus errores fue un político austero, incorruptible, derecho”, rezará ante un micrófono en directo desde el velatorio popular un señor que no lo votó pero que respeta mucho al difunto.
Aunque tenga que ser con el rigor de la güesuda que traza con firmeza una distancia irremediable, Alfonsín sentirá que muchos lo habrán descubierto por fin.
Para entonces emparentará definitivamente la proyección de ese caprichoso sueño a un curioso formato televisivo de pantalla de mármol. Como si fuera a ver todo a través de la puesta en escena de un acartonado homenaje postrero sin temor a los lugares comunes, al morbo, al mal gusto, a la saturación.   
Repetición a metralla de imágenes históricas, enjambres de frases recobradas  oportunamente desde un olvido aparente, estremecedora música incidental, testimonios entrañables y canciones con letras demoledoras estrechamente ligadas al acontecimiento.
“Es como leerle a un enfermo el prospecto de un remedio infalible que ahora está vencido pero que siempre estuvo ahí en la mesita de luz”, soñará Alfonsín que reflexiona en voz alta un espectador de esta transmisión fantástica en una habitación de clase media donde una mujer hace como que lo escuchara mientras plancha una camisa o un guardapolvo. 


En eso, el último caudillo radical notará que ya es demasiado. Como quien se saca algo incómodo de encima, abrirá los ojos.
Sin dudas será el primer sol de la mañana, por lo tenue, el que se cuele por encima de alguien que habrá de ingresar a su lecho de convaleciente. Todavía reunirá la fuerza suficiente para incorporarse y leer en el diario recién llegado que las diferencias entre el campo y el Gobierno parecen ser irreconciliables.