lunes, 11 de agosto de 2014

EL HEREDERO DE LA MÍSTICA

Escribe: Joaquín Castellanos / Fotos: Sebastián Granata


"MASCHERANO Y 10 MÁS"
Cuando Diego Maradona asumió como entrenador de la Selección, en 2009, sin reparar en la corta edad del aguerrido mediocampista, lo designó como su capitán y, fiel a su estilo, plasmó una frase contundente que ahora, casi seis años después, retumba: “la Selección es Mascherano y diez más”.
            Salido de la boca del 10, podía parecer una exageración, pero basta repasar  sus actuaciones con la celeste y blanca en los últimos diez años para no dudar ni un instante de ese concepto.
            Aun antes de debutar en primera división con la camiseta de River, Marcelo Bielsa lo puso de titular cuando tenía 19 años, y no era ni suplente en su club. Fue en 2003, en un amistoso contra Uruguay, en ocasión de la inauguración del Estadio Único de La Plata.

            Desde entonces es el volante central indiscutido de Argentina que, por si fuera poco, se luce en el Barcelona tirado atrás, como zaguero impasable.
Con la camiseta de la Selección jugó tres Mundiales (Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014), siendo capitán con Maradona y con Batista como entrenadores, hasta que Sabella designó a Messi. Aún así, nunca dejó de ser líder indiscutido.
Es el único jugador argentino que obtuvo dos medallas de oro olímpicas (Atenas 2004 y Beijing 2008).

Curriculum suficiente. Pero por si quedara alguna duda, hay una frase de uno de nuestros más lúcidos comentaristas de fútbol contemporáneo que refuerza la idea del legado: “Un gladiador romano al lado de Mascherano es como un teletubbie”, dicho por Román Iutch mucho antes del furor reciente aunque ya preso en la pasión que genera la entrega del 5. 


VISITA FANTASMA
Estuvo en San Lorenzo pero no estuvo en ningún lado.
Lo secuestraron los amigos para disfrutarlo un rato”, bromeaban en la casa paterna del barrio Alem, en el norte sanlorencino. El domicilio se convirtió en una especie de santuario al que todos se acercaron en procesión, y como suele ocurrir en todos los cultos, el adorado no se encuentra precisamente en esos sitios sino que suele estar en otra parte.
La herida alemana todavía estaba abierta, pero el calmante era el orgullo de haber estado a la altura de las circunstancias. Y la calma transcurría latente, en ese puñado de días en que el héroe del Mundial pasó fugaz por su ciudad natal. El tiempo suficiente entre el regreso al país y las merecidas vacaciones familiares, para recibir la esperable distinción municipal y disfrutar brevemente de los afectos.
La puerta de entrada estuvo abierta de par en par por varios días. En la calle, como en el teléfono (que los moradores descolgaron para no enloquecer) siempre hubo alguien. Apoyado entre el sofá y el umbral lucía un cartel de papel afiche con un mensaje de agradecimiento, en una técnica de bolitas de papel crepe marcando las letras sobre trazos de fibrón.
Una pava arrimada a la hornalla en fuego mínimo, como para mantener el agua para que el mate cambiara la montura varias veces. Arriba de una silla, una montaña de camisetas de la Selección, de todos los celestes y de todos los blancos imaginables. La mayoría, chiquitas: de hijos, sobrinos y nietos de vecinos o amigos o desconocidos, esperando para que el ídolo las firme.

CASA NATAL
El chalecito es el mismo de siempre, el que alberga a los Mascherano desde hace 32 años, donde Chiche y Oscar criaron a Javier y a sus hermanos mayores, Sebastián y Natalia. La misma casa donde se palpitó año a año por televisión casi todos los compromisos deportivos del nene, y donde ahora, a su manera, el matrimonio de sesentañeros se refugió de la onda expansiva del fenómeno mundialista.
           
Los padres del solicitado futbolista también estaban relativamente recién llegados, ya que asistieron a la final del Mundial –al igual que a los partidos contra Nigeria y contra Bélgica–, y desde que se concretó ese retorno, no pararon de atender gente, comiendo y durmiendo a deshoras.
            El hombre cano, cansado pero feliz, se acomoda en el sillón como quien va a abrir un cofre imaginario. Y lo abre.




NACE UN LEÓN
El tipo se había plantado: al ver los casi 300 postulantes que inundaban la cancha para la prueba, decidió que ni siquiera se bajaría del auto. Y no se bajó.
            “Mirá todos los que son, papá. No me van a ver ni un minuto…”, le dijo al padre, como invitándolo a evaluar seriamente la situación.
            Tenía 13 años. Y un temperamento especial.
           
La historia es de primera mano y la cuenta Oscar como si la estuviese viviendo de nuevo. Dice que unos años antes, Javier había decidido un día “dejar el fútbol”. Jugaba entonces para Alianza Cerámica San Lorenzo, en canchita de 7.
“Siempre perdíamos… era muy triste, pero no por el resultado, sino por las formas: nunca juntábamos más de 5. Me cansé. Yo dije para pasarla mal, me quedo en el barrio jugando con mis amigos”, se lo escucha decir en una entrevista al propio volante central de la Selección, a propósito de aquel momento.
“Cuando se inclinó por Renato Cesarini fue porque lo decidió él”, dice el papá de la criatura, además su Director Técnico en el paso del baby a cancha de 11: él decidió que jugara de 5, porque antes había sido delantero.
“Tenía condiciones para jugar arriba, porque era ligerito y encarador. Pero Javi sobresalía por la garra, la tenacidad, la sed de triunfo. Y un liderazgo nato. Aunque fuera mi hijo, yo tenía que actuar como director técnico. Y pensar en el bien del equipo. Por eso lo puse de 5”, se acuerda quien entonces repartía el tiempo entre su empleo en la famosa petroquímica, y los torneos, adonde más de una vez llegó con lo justo y en borceguíes de trabajo, a dirigir.

NI NEWELL´S NI CENTRAL
Oscar Mascherano cuenta que “Central estaba detrás de él”, pero al propio futbolista no le gustaba “cómo se manejaban ciertas cosas del fútbol infantil”. Y los primos del parque Independencia “también le habían echado el ojo” al mediocampista central de la estelar categoría ‘84 de Defensores Barrio Vila, que recién arrancaba a jugar en cancha grande y ya ganaba torneos en toda la región.
“En Newell’s estaba Puppo en inferiores, y en San Lorenzo había un abogado que estaba al frente de una filial leprosa. Un día me mandó a llamar y yo me asusté, porque sabía que el hombre tenía un estudio jurídico…”, recuerda entre risas Oscar.  “Era porque quería que lo lleváramos a Javier a Bella Vista. Pero Javier no quería saber nada. Llegamos a la puerta de Bella Vista y no se quiso bajar del auto. Me hizo mirar para adentro de la cancha: había 300 cabecitas de nenes amontonados. Tenía razón…”, reconoce Oscar.
“El primer año de la secundaria, lo hizo en San Lorenzo de manera normal.
En segundo, ya empezó a jugar en Renato Cesarini, así que salía del colegio y se iba a entrenar a Rosario. Se iba a la escuela con la mochila de la práctica, yo le llevaba un sándwich o algo para comer, y él me daba las carpetas, o las mandaba con alguno de sus compañeritos. Volvía a las 9 de la noche. Era mucho sacrificio”, recuerda Chiche, con la evocación que sólo una madre puede hacer de los esfuerzos de su hijo.           
Tenía que tomar dos colectivos y el viaje duraba casi dos horas. Por eso, el tercer año de la secundaria lo cursó en Rosario, viviendo ya en la pensión del club de los Solari. “De tener todo en su casa, pasó a empezar a ver cómo era vivir solo. Era muy chico. Fue como que se hizo hombre de golpe”. Para cuando llegó cuarto año, ya estaba viviendo en River.

APARECIÓ MARCELO BIELSA
“El Indio Solari no lo quería perder. Lo mezquinaba. Así que se lo mandó a River pero no con otros chicos, como se estilaba, que iba toda una categoría o por grupos. No. Lo mandó solo, con un tipo que lo acompañara”, rememora Oscar.
“En River le hacen una prueba pero lo ponen con chicos más grandes por un error. Eran categoría ‘81 –tres años más grandes– y recién entró en el partido un rato antes de que terminara. “Yo ya me quería venir a casa, pá, me dijo”, rememora.
Pese a varias convocatorias de los seleccionados juveniles, en River casi no tenía oportunidades. Lo esperaría otro tirón de sacrificios, aguante y entrega absoluta: no sólo jugaría en la reserva del club de Núñez, sino que practicaría lejos del primer equipo. Hasta que llegó la mano de Marcelo “El Loco” Bielsa para ir dulcemente contra la corriente: a los 19 años, aún sin lugar en su club, Mascherano es convocado por el DT de la Selección para jugar de titular en un amistoso. Desde entonces, nació un intenso romance con la celeste y blanca del que nadie se convence que éste sea el capítulo final.
No son pocos los que hacen cálculos, sabiendo que el jugador del Barsa tiene 30 recién cumplidos, que el Mundial de Rusia será en 2018, y que un atleta de alta competencia, a los 34 años todavía puede estar en carrera.

La llama se encendió del todo en Brasil, y el romance popular recién empieza con el mejor pronóstico: la entrega absoluta nos devolvió el poder disfrutar del combinado nacional, y hasta consiguió extinguir hasta lo impensado nuestro exitismo. Mascherano habla como juega. Preciso, firme, contundente. Y es uno de los responsables de este asunto.
“Ojalá que lo hecho por el grupo sirva para saber que estamos yendo por un buen camino y que nada de esto fue un espejismo. La Copa América va a ser fundamental para eso”, deseó en voz alta el Jefe, en declaraciones radiales. Un nuevo escalón está por empezar. Esperamos que sea hacia arriba. 





(fragmentos de la nota que forma parte del N° 118 de agosto de 2014 de Rosario Express)  


miércoles, 2 de julio de 2014

PREHISTORIA DE "EL PULGA" Y "EL FIDEO"

El abrazo que se repite entre Messi y Di María es una postal de goles argentinos importantes pero además representa el triunfo de dos chicos de barrio. Dos historias de vida que resumen "el sueño (cumplido) del pibe" que en los arrabales argentinos nunca se deja de soñar.

Como en la final de los juegos olímpicos de Beijing 2008, Messi y Di María -dos pibes humildes, de barrio- dejaron su marca en otro pasaje trascendental de la Selección. El festejo no es solo por el gol.
Otra vez, de los pies de un leproso empedernido y un canalla irreversible llegó el grito aliciente de un país que se paraliza para despistar su destino atendiendo con pasión los devenires de la Selección nacional de fútbol en el Mundial. A dos minutos de los penales, la SRL (Sociedad de Rosarinidad Liberada) ejerce de oficio y como en 2008, para obtener el oro del fútbol juvenil en Beijing, irrumpe con la explosión y el inigualable control de pelota del nieto de la almacenera del barrio La Bajada y la definición impecable del hijo del carbonero del Alberdi pobre de la zona norte. Porque es un encuentro de talentos en la cancha, pero que también arrastra en sí mismo un pasado de similitudes evocables.
Porque el abrazo de gol puede leerse como una celebración eufórica del pasional juego y las hormigas interiores que lo desatan. Pero adentro de ese abrazo, es justo reconocerlo, viven dos chicos rosarinos del montón que pudieron dar vuelta la moneda.

EL ABRAZO POR DENTRO 
En febrero de 1988 los Di María festejaban en su casa familiar de la zona sur, la llegada al mundo de su primer y único hijo varón ; apenas a una cuadra y media de distancia, los Messi celebraban en el patio de la abuela Rosa los primeros pasos del más pequeño de sus chicos.
Porque antes de subirse a lo más alto del fútbol mundial, Lionel Andrés Messi y Ángel Fabián Di María fueron dos pibes de barrio. 
Tanto el delantero del Barcelona como el volante del Real Madrid son hijos de dos familias de ese rincón recostado sobre una vereda de la calle Uriburu. Ambos tuvieron infancias humildes, pobladas de adversidades y sacrificios. Los Messi en el sur, rodeados del paisaje de monoblocks del barrio de Grandoli y Gutiérrez; los Di María, surgidos de ese sector de la ciudad pero afincados después en el norte, adonde los vaivenes económicos llevaron al jefe de familia a poner una carbonería en el fondo de la casa.
Velozmente, uno en cada punta de Rosario -y al cobijo de la pasión de los antagónicos Newell´s y Central- crecieron en los torneos rosarinos infantiles como después lo harían en la alta competencia.

LE DECÍAN “PULGUITA”
— Somos gente humilde y no nos gusta mucho hablar –se disculpaba en 2008 la almacenera del barrio La Bajada, al ser consultada por elpresente de su nieto, el rosarino que se fue a Barcelona y hoy está en el techo del mundo. 
Sin embargo, después de las disculpas nació (para suerte de la crónica) una breve pero enorme evocación:  entonces contó que un día de los primeros de este siglo, a Jorge Messi se le puso en la cabeza apostar a un cambio drástico en su vida. Que en aquellos años de crisis económica  como muchos padres de familia hubiera querido mantener su trabajo de obrero metalúrgico en Acindar pero algo le dijo que el destino estaba en otro lado.
Que había un posible horizonte en el hogar de unos parientes en Lérida, España, y que hubo un hecho que aceleró la decisión: el tratamiento de Lionel al que una enfermedad hormonal le impedía crecer normalmente.
“Jorge tenía un buen trabajo pero quiso acompañar a su hijo para ver si tenía mejores expectativas, porque acá no le cubrían el tratamiento que tenía que hacerse. Entonces decidió ver qué pasaba en España”, aseguró la Rosa María de Messi, abuela del crack.


El pibe, fanático hincha de Newell’s, debía tratarse por un costo de 900 dólares y el único eco que en nuestro país habían recibido los Messi fue de parte de la Fundación Acindar: los gastos durante el primer año y medio. Ante la falta de recursos para continuar con la indicación médica, el viaje era inminente.
Con trece años, “Pulguita”, el nieto menor de los almaceneros del barrio, se fue finalmente a Europa con su papá, mientras el resto de la familia esperaría en casa. 


Lo demás es historia conocida. Y retumba en muchos cada vez que Leo vuelve al barrio. Desde su casa, el escenario de esta historia, puede verse aún el auténtico toldo de la granjita de sus abuelos, subrayado por un collage de posters publicitarios y recortado del telón de fondo del paredón del Batallón 121. 
Ahí, por calle 1º de Mayo, nunca faltan muchachos pateando una número cinco gastada contra un portón. 








LO LLAMABAN “FIDEO”
Dicen que si uno se sienta un rato en la esquina de Oriente y Perdriel, en la zona norte de Rosario, con certeza verá pasar por la calle a un sinnúmero de Di Marías. O al menos a muchos que llevan el famoso apellido rotulado en la espalda, apenas arriba del número de la Selección, del Real Madrid o de desteñidas casacas canallas y del Benfica.
“Hasta los chinos del supermercado andan con la camiseta puesta”, dice un vecino.
Pero no es que el barrio de su infancia se acordó oportunamente de él y  lo empezó a homenajear. La historia de este orgullo por sentir al “Angelito” como propio no es de ahora.
La revolución dimariana tuvo su apogeo de la mano de su fugaz paso por el club de sus amores (jugó 35 partidos para Central antes de ser transferido a Portugal). Y desde su debut en 2005, chicos y grandes del lugar inflan el pecho para hablar de “Fideo”, cariñoso apodo que se ganó cuando enfundado en indumentaria deportiva que le sobraba por todos lados, se cansó de hacer goles en el baby fútbol.
En la casa que lo vio crecer, atiende al llamado del timbre un hombre en el que se destaca el amarillo de sus pantuflas centralistas con escudo y todo. Desde que los Di María se fueron a Europa a acompañar la carrera profesional de su hijo varón, los abuelos maternos del futbolista se mudaron a la casa de la zona norte donde siempre vivió la familia.
El que abrió la puerta se llama Luis, abuelo de la estrella del Real Madrid. Pero la que contó oportunamente los detalles de la historia se llama Clotilde.  
Miguel Di María era soldador. Trabajaba de sol a sol para una importante empresa y estaba cansado de tanto esfuerzo para llegar a ningún lado. Entonces le propuso a su suegro armar en el fondo de la casa un taller para desarrollar el oficio de herrero. Sin dudarlo, la familia lo acompañó y, cuando la situación ameritó otro cambio, el hombre se terminó por dedicar al carbón.
La carbonería fue el principal ingreso de la familia los días en que Diana, la mamá de Angel Di María, levaba a su hijo a practicar a la ciudad deportiva de Central en Granadero Baigorria.
            — Mi hija dejaba por un rato el carbón, porque ella ayudaba, y lo cargaba al“Angelito” en la bicicleta y se lo llevaba. Volvía para la casa y después lo iba a buscar porque a él le daba vergüenza que se quedara a esperarlo en la práctica…
Clotilde rememora la escena como si contara una película pero sabe, y más que nadie, que está hablando del sacrificio con que se cimentó tanta alegría.
Desde el final del patio, asoma el galpón donde funcionó la carbonería. Los Di María vendieron el negocio de reparto pero no quieren saber nada de vender la casa, como si fuera un poco el recuerdo de arduos momentos fundacionales de este feliz presente.
            — Gracias a Dios y a Don Ángel Zof, enseguida empezó todo. Y fue tan rápido –rememora la abuela, presa del ensueño. Una sensación de la que, desde hace ya un buen tiempo, el barrio no es ajena.
La última noche de 2007, cuando sabía que el camino a la consagración era irreversible, en la terraza de la casa donde funcionó la carbonería, el que hoy volvió a ser héroe nacional había montado un arsenal de pirotecnia.
— Fue inolvidable para nosotros… La gente salía de sus casas a mirar para arriba, cuadras de vecinos en la puerta, emocionados por una fiesta única para la zona –recuerda un vecino.
“Una alegría para el barrio, abuela –asegura Clotilde que se justificó su nieto –; y para mis viejos que tanto se lo merecen”.


lunes, 9 de junio de 2014

MARIHUANA: UN DEBATE QUE ACÁ TODAVÍA ESTÁ VERDE

Los reclamos son los mismos que hace 13 años, en la primera marcha. El debate en el Congreso para la reforma está estancado desde hace dos años pese a que los proyectos coinciden en despenalizar el consumo. La Ley de Drogas argentina responde a un sistema prohibicionista que fracasó y persigue a los usuarios en vez de caer sobre los narcotraficantes. El discurso pseudoprogresista que propala un enfoque erróneo y resta en vez de sumar. El autocultivo que viola la ley pero es amparado por el sentido común. La distancia con la experiencia uruguaya y la necesidad de una política de Estado integral para un problema complejo.   
(ANTICIPO - FRAGMENTO NOTA ROSARIO EXPRESS DE JUNIO)

Escribe: Joaquín Castellanos

Argentina atrasa.
No se trata de no estar preparados para debatir sino de la decisión latente de no afrontar el debate. Desde hace más de dos décadas, no sólo la discusión sobre drogas patelea en el aire: el enfoque que el Estado y la sociedad le dan al tema es erróneo y se sigue alimentando de una mirada que no se ajusta a la propia realidad.  
"La visión que se tenga con respecto a las drogas resulta del modo en que la sociedad haya captado el problema, que a su vez se infiere del modo en que se lo han presentado", explicaba el penalista Elías Neuman. Y no lo hacía la semana pasada. Su trabajo “La Legalización de las Drogas” (Depalma, 1997) contiene esta y otras muchas frases esclarecedoras.
“Quienes prohíben la marihuana no son médicos, sino políticos. Y los políticos no funcionan en base a razonamientos, sino a votos. Hay que dejar el tema de la marihuana en manos de la ciencia, ni de políticos, ni de policías”.
Esta otra sentencia, sin eufemismo y contundente, tranquilamente podría haber sido pronunciada por un eufórico manifestante el sábado 3 de mayo en la marcha por la despenalización de la marihuana. Sin embargo, fue pronunciad en 2003 –hace ya 11 años- por un joven de entonces 82 años: el recordado neumonólogo Aquiles Roncoroni.
Estas visiones, que fueron, siguen y seguirán siendo las de muchos especialistas, van siempre a contramano de las calculadas acciones de la política partidaria y de las gestiones más allá de las banderas. E inevitablemente se encuentran con un contexto de resistencia generalizado en la comodidad de dejar todo como está: la hipocresía del enjambre ciudadano que por convencimiento o por inercia se obstina en seguir caminando a leguas de distancia no sólo de lo que está pasando en Uruguay sino ni siquiera de lo que pasa en sus calles.

DISCUSIÓN DISTORSIONADA
            “La consigna más marihuana y menos soja no tiene nada que ver con esta lucha”, reflexiona Silvia Inchaurraga, presidenta de la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA) y directora del Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencias y Sida UNR, a propósito de uno de los cánticos de la marcha de mayo. 
            “Empoderizar a la población que consume está muy bien, pero ojo. No se puede caer en el elogio de la sustancia o en la apología. Eso no suma en el debate que necesitamos. No sirve tampoco una política en relación a una sola droga: el problema es con todas. Lo que se necesita es una reforma integral”, señala.
            Para ella, como para buena parte de los académicos que abordan el tema, son varios los frentes que deben superarse a la hora de trazar una necesaria nueva mirada. Así como los intereses personales -que ya se evidencian casi sin esfuerzo en algunos actores que participan de la discusión- o el desenfreno de quienes sueñan irresponsablemente con una experiencia uruguaya a la santafesina, hay otros obstáculos históricos. El oportunismo político, por ejemplo, que puede ser tan perjudicial como la desidia.
            “Hay adhesiones que son fantásticas pero que resultan casi decorativas.
Siempre suman los apoyos pero en cuanto se tergiversa un poco el debate, se termina restando. El aplauso de la población cautiva sirve si en sintonía se acompañan los reclamos desde donde hace falta que estén los políticos”, señala la especialista.
“El oportunismo político tiene su costo. La misma experiencia uruguaya mal abordad no aporta. El discurso pseudoprogresista nos termina restando, si no está un poco la academia encima es un riesgo. No suma hablar sólo desde las intenciones”, dice Inchaurraga, porque “del otro lado está el discurso ultraconservador, reaccionario, de la mano dura, que se termina favoreciendo con todo esto. Y la gente, es lógico, se queda entrampada en un enfoque equivocado, entre dos relatos que no son los correctos”.

DEBATE ESTANCADO 
Aunque a comienzos de este año y a finales del anterior ingresaron nuevos proyectos, hasta 2012 eran 8 las iniciativas legislativas presentadas en el Congreso para reformar la controvertida de ley de drogas (23.737).
La mayoría fue presentada en Diputados en 2010 -Diana Conti, María del Carmen Bianchi (FPV); Victoria Donda (FAP); Gil Lavedra, Manuel Garrido (UCR); Fabián Peralta (GEN)-, y en la misma Cámara otro en 2011-Vilma Ibarra (Encuentro Popular)- y una en el Senado -Aníbal Fernández (FPV). En general, se propone la despenalización de la tenencia para consumo personal (art. 14), actualmente penada con de un mes a dos años de prisión, y lo que se replantea con claridad en casi todos es a quién hay que castigar: al que produce, al que fabrica y lucra con a la comercialización del producto, y no al usuario.
Todos, más otros tantos relacionados, esperan por debate, según corresponda, en la comisión de Prevención de Adicciones y y Lucha contra el Narcotráfico de Diputados, o en la de Seguridad Interior y Narcotráfico del Senado.

AUTOCULTIVO COMO ALTERNATIVA 
“El tema del cultivo de marihuana, a nivel doméstico o familiar, para consumo personal, es más bien una forma de autopreservación. Es disparatado perseguirlo. ¿Para qué? ¿para que vayan y compren? Perseguirlo favorece al narcotráfico, es evidente”, opina Felix Crous, director de la Procuraduría Adjunta de Narcocriminalidad (PROCUNAR).
Algunos especialistas insisten en que se trata de una opción aunque “por sí solo, lo que hace es empañar la realidad de fondo, de lo que tenemos que hablar…”. Por eso lo apuntan como algo que bien podría ser parte de una solución integral.
Lo cierto es que en los últimos años, la violencia narco, las difusas fronteras entre la ley de drogas vigente – el cultivo para consumo personal, según la 23737, debe ser reprimido con prisión de un mes a dos años- y el sentido común –el autocultivo está contemplado tácitamente en la actualidad-, han llevado a buena parte de la población usuaria de marihuana a apostar por tener su propia planta. 
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en Latinoamérica por cada muerto que existe por todas las drogas ilegales juntas, hay 10 muertos provocados por el narcotráfico.
“El autocultivo es la forma más eficaz de combatir el narcotráfico desde la gente de a pie: con una planta para el consumo propio, no se contribuye a alimentar a las organizaciones criminales, y el consumidor no se expone a la inseguridad que representa tener que entrar en el circuito ilegal”, dicen en la Asociación Rosarina de Estudios Culturales (AREC), donde consideran que entre el 5 y el 10% de los consumidores locales practica hoy en el autocultivo.

“Es una franja pequeña pero si se autorizara, aunque no creemos que alcance más de un 30 0 40% de los consumidores, sería una alternativa. Porque es verdad que existe otra parte que no tendría acceso a esa práctica, incluyendo a quienes tienen un problema de abuso o adicción. Por ellos es el que el Estado debe intervenir. El cultivo comunitario y la participación de organizaciones sociales de la mano de organismos públicos pueden favorecer a la reducción de daños”, opina el kinesiólogo Pablo Ascolani, secretario de AREC.

PROBLEMAS CON LA LEY
Pero lo que parece una alternativa para el cambio de paradigma, para el control del Estado representa un delito, pese a lo que expresan incluso más de un fallo de la Corte Suprema que aunque siembran jurisprudencia no son vinculantes. 
Pese a la persecución de consumidores, hasta hace poco no había habido en la provincia allanamientos por plantas exclusivamente. No obstante, en  marzo de 2013 se registró el primer caso de una estudiante de medicina en Rosario. Y en 2014, otro en Villa Constitución, en el domicilio de un jubilado con problemas de salud devenidos por su trabajo en Acindar.
En “Historia de la Marihuana en Argentina” (AREC, 2014) hay más detalles. “La emisión de una orden de allanamiento por una planta de marihuana es prácticamente una malversación de fondos públicos, por movilizar recurso por algo que no representa por sí mismo un delito”, dice Ascolani.
Porque está comprobado, las fuerzas de seguridad del Estado y la Justicia persiguen al consumidor y no al narcotráfico.
La Ley 23.737 que rige desde 1989, reemplazó a la ley 20.771, de 1974, que fue la primera ley especial sobre “sustancias psicoactivas” en el país. Básicamente, en el paso de una a otra se mantiene el espíritu persecutorio a los consumidores y una curiosidad es que en lo que respecta a los delitos de narcotráfico, apenas aumentó la escala de condenas de 4 a 15 años.
Según un informe de la PROCUNAR publicado en 2013, en la mayoría de las causas por droga se persigue a los usuarios: el 38% de las casos de todo el país por infracción a la Ley de Estupefacientes tiene como protagonistas a consumidores -en Rosario, el 68 por ciento de las causas; el 66 por ciento, en Córdoba; 64 por ciento, en Mendoza; y 61 por ciento, en Resistencia.
            En tanto, un estudio realizado por la Asociación Civil Intercambios, señala que apenas el 3% de las causas por drogas refiere a investigaciones sobre contrabando y, aún así, los condenados son quienes ofician de partícipes (mulas) y nunca los responsables de narcotráfico.
            En ese contexto, se adivina la suerte que puede correr una persona adicta que requiere ayuda.
“Con esta ley, quien tiene un problema de adicción hoy, no tiene acceso a la salud y hasta puede ir preso. Está en un estado de riesgo social pero si se acerca a un hospital puede terminar en la comisaría”, explican en AREC para dimensionar lo anacrónico y contradictorio de la ley vigente.

lunes, 19 de mayo de 2014

LUGAR COMÚN LA MUERTE

La Morgue Judicial es la radiografía más directa del crecimiento de la violencia urbana en Rosario: este año, promediando abril, se realizaron más de 300 autopsias, con un “aumento excesivo” de los homicidios –casi 80, hasta mediados de marzo-, especialmente en los provocados por armas de fuego. 
En el mítico edificio de 3 de Febrero y Avellaneda, 
basta un recorrido para abordar el tema desde adentro, y reivindicar a quienes cotidianamente buscan dilucidar fatalidades y conviven a diario con la tragedia.

EscribeJoaquín Castellanos | Fotos: Leonardo Vincenti

"Este es el lugar donde los muertos se deleitan ayudando a los vivos", reza una frase adjudicada a Giovanni Battista Morgagni, anatomista italiano pionero en la lectura de los cuerpos sin vida.
Una mañana cualquiera, mientras restos mortales ocupan la fría mesa que lleva el nombre del precursor forense, un coro de fumadores pelea en la vereda contra el tiempo quieto de una repartición pública. Sentadas en el hall, algunas personas también luchan a su manera contra la espera más larga de todas. 
Detrás de una ventanilla que por momentos se abre y se cierra por cortos intervalos, hay un grupo de mujeres que parecen preparadas especialmente para la tarea de atender a los deudos de quienes fueron llegando a la morgue judicial.
“Tratamos siempre de decirle a la gente lo que podemos. No tenemos entrenamiento en psicología ni nada por el estilo. No tenemos ninguna capacitación. La verdad es así: entrás a trabajar y con el correr de la semana se va viendo si funcionás o si no funcionás. Si atendés a la gente, sin problemas, te quedás”, dicen.
El panorama incluye a veces escenas de personas que gritan, que golpea los vidrios,  casos con barrabravas enfurecidos, personas que explotan en agresividad y hasta enfrentamientos que lejos de terminar en la morgue, continúan en la puerta del edificio cuando se cruzan “la familia de uno con la de otro”, señalan.
La consigna parece ser  interactuar “bien y rápido” con quienes golpean la ventanita.
 “La gente que viene acá, llega en el peor momento. Tratamos que todo se haga rápido y de manera efectiva. Uno siente que sirve para algo…”, cuenta una de las señoras que atienden al público en 3 de febrero y Avellaneda.
A la mañana el hall está más concurrido, y en atención al público hay dos empleadas y una practicante. Por la tarde, con mucho menos movimiento de público,  una sola trabajadora es acompañada día por medio por  alguna pasante.
En total,  en la administración trabajan alrededor de 10 personas. El staff se completa con seis médicos forenses, seis técnicos evisceradores; tres peritos fotógrafos (dependientes de la URII) –a cada informe de autopsia lo acompañan  de 15 a 70 imágenes, de acuerdo a la complejidad del caso-, un radiólogo -contratado por el Poder Judicial, porque toma placas en el IML y las revela en el Hospital Carrasco-; una bioquímica que está al frente del laboratorio forense de toxicología; además de otra parte fundamental: un puñado de chicas que limpian el lugar y un solo empleado de mantenimiento para todo el edificio que, dicen, vale por más.
“Se maneja con electricidad, ventilación, hidráulica, calderas, cámara fría, todo”, asevera la directora del IML, y  por si fuera poco “trabaja hasta cuando está de vacaciones”.

TABÚ
“Este es un trabajo como cualquier otro y, además, alguien lo tiene que hacer”, dice el Colo, técnico eviscerador desde hace más de 25 años. Lo dice con nobleza pero sabe que lo solemne y lo trágico de la muerte, culturalmente nos sobrepasa. Aún para los que todos los días trabajan con ella.
“No es fácil. Lo que pasa es que uno mismo tiene que tratar de sobrellevarlo. Está en el día a día, por lo menos para mí. Cuando salgo de acá es como que bajo una persiana y se terminó. Y si llego a mi casa y alguien me pregunta algo relacionado a las cosas de acá, hablo. Si no, no”, sostiene.
Es una condición humana de la que nadie se salva, ni después de mucha experiencia.
“Inevitablemente para mí también fue difícil, a pesar de que yo estaba haciendo cirugía, mi vocación primera. Pero a medida que uno va tomando contacto con esta tarea… tiene tantos ribetes científicos, tantos ribetes de investigación, que  ineludiblemente vamos enfrentándonos con la muerte”, analiza la doctora Cadierno, al frente del IML desde mayo pasado pero con una carrera como forense de más de 20 años.
“Yo digo que los que estamos acá somos privilegiados. Sobre todo los occidentales, le escapamos a la idea, al concepto de la muerte. Lo negamos, lo desplazamos, lo eludimos. Y podría decir que con mi larga experiencia todavía tenía temor, aprensión al cadáver. Pero con la evolución, con la lectura, digamos que uno va acomodándose, aproximándose un poco a la forma de pensar que es más de Oriente sobre la muerte: que es parte de la vida aunque no tenga lógica aparente. Yo creo en Dios, y creo que la muerte es equilibrio y que nos lleva a revalorizar las cosas mínimas, a valorar el momento. A, como dice el dicho, disfrutar como si me fuera a morir mañana, y vivir como si fuera a ser eterno”, indica.

TIEMPOS VIOLENTOS
“Nosotros hemos sido testigos del aumento excesivo de casos de muertes violentas: desde hace ya varios años preponderan los homicidios y crece el número de fallecidos por arma de fuego, lo que implica autopsias muy complejas. Se han ido invirtiendo los porcentajes de muertes por causa dolosa en relación con las muertes naturales, y también la tasa de suicidios es elevada”.
Las palabras de Alicia Cadierno, directora del Instituto Médico Legal (IML) dependiente del Poder Judicial provincial, hablan con absoluta certeza del panorama social alrededor de la violencia urbana que envuelve a la ciudad.
En 2014, promediando abril, ya se realizaron más de 300 autopsias, cifra que incluye entre esos casos a los casi 80 homicidios ocurridos en Rosario y alrededores, en los primeros tres meses del año.
Pero del mismo Instituto Médico Legal –aunque de una oficina policial que comparte el edificio-  surge otro dato preocupante: el tipo de muerte con mayor incremento es la que se produce como consecuencia del uso de arma de fuego. Desde la sección Balísitica de la URII confirman que, más allá de lo relacionado con los homicidios, a juzgar por el ingreso total de armas secuestradas en procedimientos policiales, el número se ha multiplicado en los últimos cuatro años, y se dispara anualmente.
“El incremento pericial en balística también habla de un accionar uniformado en diversos hechos, más allá de los homicidios: toda arma que ingresa acá, pertenece a procedimientos policiales, independientemente de los casos fatales”, explica el comisario principal Gustavo Colombo, titular del área.
El dato, aunque sin cuantifación precisa debido a la permanente fluctuación, está en línea con otro que se desprende de un reciente informe de la Secretaría de Salud Pública municipal sobre casos de 2013: el 80% de víctimas de homicidios responde a lesiones letales con armas de fuego.
Las pruebas médicas y biológicas de toda investigación de lo que ocurre en los departamentos Rosario, San Lorenzo, Constitución y Cañada de Gómez, salen de ese edificio detenido en el tiempo en una esquina de barrio Echesortu.

DONDE NADIE QUIERE IR 
Antes de 1986 –año en que se creó el Instituto Médico Legal-, las autopsias judiciales de la ciudad se realizaban detrás del cementerio El Salvador, adonde estaba la morgue. Parte de la administración y registro funcionaba allí, y parte en Tribunales provinciales. “Las muestras se llevaban en un valijita a la Jefatura… era todo muy artesanal, porque no había infraestructura suficiente”, rememora Cadierno.
El edificio del IML, de 3 de Febrero y Avellaneda, fue en su momento moderno, y se anunció como algo “de avanzada”, construido en  terrenos municipales cedidos a la Corte provincial.
“El diseño arquitectónico que se tuvo en cuenta fue el del Instituto Noguchi, de Los Ángeles, adonde se filmó la exitosa serie de TV "Quincy", -protagonizada por Jack Klugman en la piel de un médico forense-, de la que nosotros éramos hinchas”, señala la directora. 
Pasaron casi tres décadas y ni la ciudad ni el mundo es el mismo, aunque algunos reparan en cierta desatención al sentido común que debería ser común a todos los tiempos.
“Fijáte –dice un empleado entre risas y lamentos-, la puerta de la sala de autopsia está  enfrentada a la puerta de la cocina, cuando muchos de nosotros comemos acá… uno lo naturaliza pero no es agradable para nada”.
La planta baja contiene un circuito históricamente establecido para el ingreso, estudio y salida de los cuerpos, además de la administración, otros despachos y la sala de autopsias. En el primer piso, en tanto, comparten espacio dependencias del Poder Judicial y del Ministerio de Seguridad: hay laboratorios y oficinas tanto del propio instituto como de algunas secciones policiales de la URII -balìstica, scopometría, photo fit, reconstrucción integral, entre otros.


Diariamente, se lleva un registro de cada cuerpo que llega al lugar -además de homicidios, suicidios, accidentes de tránsito y muertes de causa dudosa-, todo en un libro de actas y en el sistema informático. A propósito, "hay dos salas llenas de archivo", indican. Una especie de memoria documental de la muerte en la ciudad atendida por la Justicia: actas con hasta 50 años de antigüedad y libros completos  desde el ’95, en papel; y material digital  desde 2006 en adelante.
“No se ha tirado nada”, dice alguien, sacando pecho y levantando la frente.

COLAPSO NO ES LA PALABRA”
“Puede haber una autopsia a la mañana como puede haber siete. Pero lo cierto es que cuando hace cuatro años se hacía una por día, ahora el número de necropsias diarias se cuadriplicó”, dice alguien que conoce como nadie el ritmo que lleva cotidianamente la mesa de Morgagni.
“Convengamos que es mucho el trabajo que se hace y la verdad que en esto, en la nota que brindó la directora a varios medios, cayó bien en la Corte porque fue algo sincero…”, señala Lucas Kuverling, una espacie de secretario –“aunque ese cargo no existe”, aclara- que se ocupa de organizar todo en el IML y resuelve desde la agenda de reuniones con autoridades ministeriales hasta el abastecimiento de bolsas para los cestos de la basura.
Es que el ojo de los medios se posó a comienzos de marzo en la Morgue Judicial a partir de una entrevista en la que su titular  habló públicamente de “un súbito aumento de casos de homicidios dolosos en los últimos años y las dificultades que eso representa para la  investigación”, si se considera además que a la aplicación del nuevo y presuroso  sistema procesal penal desde el 10 de febrero, un cuerpo forense de apenas seis médicos deben atender los requerimientos de los fiscales y los de los juzgados del sistema anterior.  
“Aquí se cumplen las tareas mañana y tarde, de lunes a lunes. El servicio es permanente, y los dos turnos se cubren sábados, domingos y feriados, de contínuo…-señala Cadierno, y aclara que los médicos a su cargo además de realizar autopsias hacen visitas (las gestiones que se realizan afuera del instituto: ir a la cárcel, a domicilio, a hospitales, constataciones, juicios por mala praxis, etc); y detalla razones y preocupaciones de un desborde lógico.
“Es cierto que con el nuevo sistema procesal penal se complejizó nuestro trabajo.
Y por suerte para la Justicia, es porque se exige científicamente dar testimonio de cuanto uno ha hecho con el material que reserva en el juicio. No hay un colapso para nada, esa no es la palabra, pero hay que pensar que dentro de poco tiempo se van a producir esas otras instancias de los juicios orales y entonces los forenses vamos a tener que participar en con nuestro testimonio en la sala de audiencias”, sentenció la directora.
Por lo respecta al Ministerio Público de la Acusación y al contexto de los tiempos y los hechos actuales de violencia, “inexorablemente vamos a requerir pronto de un mayor número de forenses”, señala.

(ABRIL, 2014 - Revista Rosario Express, n° 114.-)