viernes, 2 de noviembre de 2012

CIERTAS PREGUNTITAS SOBRE DIOS



Escribe: Joaquín Castellanos
Fotos: Leonardo Vincenti

“A veces hay cosas que creemos porque nos dicen que hay que creer pero no somos capaces de creérnoslas…”, enuncia. Lo curioso es que buena parte de lo dicho hasta ese momento parece más un sermón que la ponencia de un pensador. En el escenario no hay demasiado ornamento y eso es un indicio. Nada de pompas ni liturgia alguna. Sólo ese hombre, apenas encorvado en una silla, que se arrima al micrófono y habla.
“¿Qué madre hay aquí que cuando da a luz a un niñito o a una niñita comprende que le digan que su dios no le quiere todavía porque no es aún un hijo o hija de Dios, porque está en pecado? ¿Hay alguien que sea capaz de pensar así?”, retumba la voz que sopla eses, ces y zetas correctamente diferenciadas. 
Apenas un puñado de personas lo escuchan en silencio. 
“Todos somos teólogos. Todos tenemos derecho a pensar. Todos…”, insiste, y prosigue: “Si estás bautizado y eres una persona ya consciente, más o menos adulta, tienes que pensar tu Fe. Lo fundamental de la Fe. Y no tener nunca miedo a hacer preguntas, a sacar conclusiones, a plantear nuestras dudas, a buscar nuestras soluciones con la cabeza. Así se evitarían muchas tonterías…”
Se llama Andrés Torres Queiruga y es un teólogo muy particular. Ha despertado la polémica hacia dentro y fuera de la Iglesia católica: para los más conservadores es lisa y llanamente “un hereje”, mientras que para los creyentes desilusionados con las políticas eclesiásticas es una oportunidad para “el cambio inevitable” hacia una institución moderna más abierta y más clara.


CREDO POSITIVO
Su mirada de la Fe es diferente y no es el único que así lo ve. En todo caso, pareciera que le pone voz a una sensación colectiva que por desilusión de las herméticas posturas religiosas que se alejan sin pudor del mundo actual, va prefiriendo cada vez más un credo personal y sin intermediarios.
Su enfoque tiene rasgos irrefutables: el sentido común participa de la reflexión, el credo no choca con la realidad sino que la contempla, participa y se busca en ella.
Y algo más: se despoja de lo negativo para construir. No hay castigo, no hay culpas, no debe haber miedo. Hay responsabilidad, misión de amor, necesidad de hacer el bien.
"Torres Queiruga está haciendo una obra extraordinaria porque está repensando toda la teología –explica el biblista Ariel Álvarez Valdés, responsable de la llegada del especialista al país. 
“Él parte de un principio del que todos nos damos cuenta, y es que nuestra forma de entender la religión y entender a Dios, hoy es obsoleta. Hay muchas cosas que ya no deberían decirse como se dicen, entonces él está repensando todos los temas: la Creación, la Resurrección… Y bueno, toda persona que va abriendo caminos nuevos en la Iglesia no es bien vista por la jerarquía, y eso ha pasado en Rosario”, sostiene el organizador.

OTRAS VOCES, 
OTROS ÁMBITOS
Hasta veinte días antes de la charla, se anunciaba en algunos sitios web religiosos que “el renombrado teólogo español” daría una conferencia “en el Salón de Actos del Colegio Ntra. Sra. del Rosario – Hnos. Maristas”, de Oroño 770, por invitación de la Fundación para el Diálogo entre la Ciencia y la Fe, de Álvarez Valdés. Pero un día, todo quedó en la nada.
Fechada el 28 de septiembre, una nota de prensa del Arzobispado de Rosario irrumpía con la fuerza de un mandamiento para suspender la actividad: “Monseñor José Luis Mollaghan comunica que dicha entidad civil no tiene ninguna autorización para organizar cursos o promover conferencias acerca de la Doctrina católica en un colegio o en una institución católica de la Arquidiócesis”, alegaba  el comunicado, informando sobre las diferencias entre la Doctrina de la Iglesia y el escritor español, y dando cuenta de la debida advertencia hecha a las autoridades de la escuela y de la orden en el país.
En su momento, el propio afectado lo supo resumir magistralmente: “No me cuestionan por lo que digo sino por decirlo”.
“Teniendo en cuenta la Notificación de la Conferencia Episcopal Española (30.III.2012), y en particular de la Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe, sobre los escritos y tesis del Profesor Andrés Torres Queiruga, el Arzobispado de Rosario no aprueba ni autoriza que el referido profesor dicte conferencias sobre la doctrina católica en la sede de un colegio o institución católica; dado que sus enseñanzas no siempre son compatibles con la interpretación auténtica que ha dado la Iglesia a la Palabra de Dios escrita y transmitida", agregaba la nota de la curia local.
Luego de conocida la noticia de la desautorización en Rosario, el propio teólogo se ocuparía de echar luz en el asunto desde Santiago de Compostela, España, ya que la noticia –aunque sin hacer demasiado ruido– había dado la vuelta al mundo.
“Alguien denunció desde aquí (España), desde esas cloacas internéticas, siempre sementando odio e invocando el nombre de Dios; y un obispo que desconoce de todo esto, prohibió el local, contra el parecer de los maristas. La conferencia se realizará en otro lugar”, declaraba el filósofo en cuestión al periódico La Voz de Galicia. 
El miércoles 17 de octubre, en pleno Empalme Graneros, el auditorio del Centro Municipal de Distrito Noroeste de Provincias Unidas y Junín recibió al filósofo católico y a un grupo de interesados en escuchar su singular enfoque teológico.
            Los pibes que jugaban a la pelota adelante del edificio creyeron que adentro había un acto político. No le erraron tanto.
La conferencia se tituló “Cómo repensar la creación de Dios”.


RELIGIÓN “DESTEMPLADA”
            Además de la charla en Rosario, fuera de jurisdicción episcopal, en una misma semana Torres Queiruga dio otras cuatro conferencias en el país: dos en Buenos Aires (una en un colegio religioso de La Salle, con el tácito “permiso” del Cardenal Bergoglio, “conocedor de que no pesa condena alguna contra el cuestionado teólogo ni su obra”, según fuentes porteñas), y dos en Santiago del Estero (ambas en un reconocido hotel, por estar “desautorizado” por la Iglesia también en esa provincia).
            En un aparte con este cronista –aparte de la concurrencia, porque la cobertura periodística de su visita se limitó a un par de cronistas: apenas un servidor y un colega de un semanario local–, Torres Queiruga se mostró cauto y hasta acostumbrado a esta especie de proscripción a medias que padece desde hace ya algunos años, aunque acentuado en febrero con la Notificación que lo aleja de espacios católicos para exponer sus ideas.  

            ¿Qué siente por estar hablando en este lugar, fuera del ámbito religioso propuesto inicialmente y que la Iglesia local le negó?
            Lo tomo con mucha calma. Por eso mismo comprendo que las mentalidades son distintas aunque me parezca que no sea esto lo correcto. Como puedo seguir hablando, puedo seguir anunciando el evangelio y hacer teología, que es mi vocación… ya no sé hacer otra cosa. Procuro centrarme en lo que debo hacer y lo otro mantenerlo muy en la sombra, muy de lado. No quiero parecer una persona amargada y agresiva. A mí me gusta construir en paz y con tolerancia.
            – ¿Le preocupa la falta de diálogo alrededor de la Fe?
            – Es que la diferencia no está en la Fe, está en las interpretaciones. No toda interpretación es legítima, pero una pluralidad de interpretaciones es legítima e inevitable. Aunque quisieran, no todos los teólogos pueden ponerse de acuerdo en la explicación de la Fe. Una cosa es creer en la Resurrección como yo creo con todo mí ser, y otra es el modo de explicarla. Hay distintas opiniones, y puede haber alguna que se salga… pero eso forma parte también de la esencia de la Iglesia desde el comienzo. Los cuatro evangelios tienen cuatro teologías distintas. San Pablo es distinto de Santiago, y San Juan es distinto de los Sinópticos, gracias a Dios. Porque esa es la riqueza plural de la Iglesia que hace una sintonía siempre que la mantengamos dentro del respeto y de la búsqueda de la comunión en lo profundo. Como decía San Agustín: La libertad hace lo que es discutible.


PENSAR PARA CREER
Cuando termine la conferencia habrá espacio para lo que generalmente se conoce como “preguntas del público”. Será un rato largo –más aún que la  disertación del especialista–; casi una hora de charla con especial participación de los que fueron a ver al teólogo. 
“¿Qué piensa del Infierno?”, preguntará tímidamente un muchacho desde su butaca en el centro del auditorio.
“¿Y qué piensas tú?”, lo invitará Torres Queiruga. “Empieza a discurrir desde el Dios que nos está creando por amor… Haz aquí teología…”, agregará. 
El joven va a ensayar una explicación personal apretada por los nervios. El escenario pasará a segundo plano y todas las miradas irán sobre el muchacho, rodeado de personas que lo oyen atentamente reflexionar en voz alta.
Algo poco visto en ámbitos religiosos. Algo que acaso explique en parte cuáles puertas y por qué, se cierran a este tipo de charlas. 


:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(Este post es parte de la nota publicada en el número aniversario 
de la revista Rosario Express que a partir del 7 de noviembre estará en los kioskos)
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